Cicatrices de oro: Kintsukuroi

En el Arte Occidental Contemporáneo, el objeto ha ganado una dimensión artística que hasta el s. XX no tenía. El Dadá comenzó dando un nuevo uso al objeto como obra de arte como tal mientras dejaba de ser el objeto en sí; quien visualiza el objeto es el recuerdo de lo que fue, pero despojado de su utilidad original. En el arte de finales del siglo XX y el actual XXI, la memoria del objeto, de su uso, sus usuarios, y su propia “historia” es representado por numerosos artistas como Isidro López-Aparicio o Doris Salcedo. En el caso de Chema Madoz, reinterpreta los objetos y, mientras aún es visible el uso para el que fueron creados, les otorga otro nuevo, alternativo, creando esos poemas fotográficos de doble lectura tan delicados.

Fuera del Arte, el consumismo actual provoca que los objetos sean desechados una vez cumplen con su misión o quedan dañados -a veces ni tan siquiera necesitan quedar obsoletos o romperse para deshacernos de ellos-. La obsesión por lo nuevo -a pesar de las políticas de reciclaje- llega a límites insospechados de renovación de un mismo objeto solo por haber salido uno nuevo ligeramente diferente: no nos da tiempo ni tan siquiera a sentirlo como nuestro, nos alienamos del objeto.

En Asia, concretamente en Japón, lo artesanal tiene una enorme importancia, llegándose a mantener en plena forma hoy en día técnicas de fabricación desde hace más de 500 años. La tradición es un aspecto muy importante de la cultura japonesa y en la artesanía, más aún. La cerámica es una de las grandes técnicas japonesas, no solo en su fabricación, sino también en términos decorativos (maki-e) y, lo que aquí nos atañe, de reparación.

Fte. momosanshop.wordpress.com

Fte. momosanshop.wordpress.com

Cuando un objeto cerámico apreciado se rompe, se puede acudir al pegamento de toda la vida o, si eres japonés y dispones de recursos y sabes dónde, mandar a un artesano que lo repare mediante la técnica del kintsugi (金継ぎ) o kintsukuroi (金繕い). Kin (金) significa oro y, ambos términos aluden a lo mismo: el primero suele ser traducido como “carpintería del oro” y el segundo “reparación/remendar con oro”. El kintsukuroi, por tanto, es una técnica de reparación de cerámica con oro -o metales preciosos como la plata, aunque en mucha menor medida-. La cerámica rota por el uso, por accidente, etc. es unida de nuevo y completada con oro y dotada de una nueva vida y apariencia. Todo esto entronca directamente con la filosofía japonesa y el concepto del wabi-sabi: la noción y asunción de la imperfección de la vida, su temporalidad y decadencia, y ver belleza en ello (esto es solo una pequeña parte de este concepto, pero nos extederíamos demasiado si hay que explicar todo lo que conlleva el wabi-sabi). Hay que tener en cuenta la importancia de los objetos que se obtienen de la naturaleza, en este caso la tierra, para la cultura japonesa; la ceremonia del té, cuya vajilla es a la que más se recurre al kintsukuroi para arreglarla también tiene un papel de gran importancia en la tradición y cultura japonesas.

Antes y después del kintsukuroi. Fte. Pinterest

Antes y después del kintsukuroi. Fte. Lakeside Pottery

El kintsugi se realiza mediante la aplicación de resina, primero, y polvo de oro después; otra forma es aplicar el oro ya mezclado. Los artesanos emplean pinceles, normalmente muy finos, con una enorme precisión. Además de la aplicación directa en las grietas, en caso de pérdida de material se realizan dos técnicas: yobitsugi, que inserta un trozo de una cerámica que nada tiene que ver con la original y makienaoshi, que sustituye en oro el pedazo faltante y, en caso de faltar el patrón decorativo, se trata de reproducir. Por supuesto, ni todas las vasijas se restauran, ni todo tipo de pieza de cerámica son objeto de este proceso: tienen que tener una vinculación personal con su dueño, una calidad extraordinaria o tener un significado muy concreto en la vida diaria, ya que no es un proceso barato.

Kintsugi sencillo, makienaoshi y yobitsugi. Fte. Amazon

Kintsugi sencillo, makienaoshi y yobitsugi. Fte. Amazon

Se dice que tuvo su origen en el s. XV cuando el shōgun Ashikaga Yoshimasa mandó reparar su taza de té china favorita al país de origen. Cuando volvió arreglada, el resultado no agradó al shōgun, ya que se hizo con grapas metálicas que afeaban el objeto, por lo que buscó a los mejores artesanos que lo reparasen de una forma más bella y delicada. Desde entonces se aplica esta técnica a piezas de cerámica, normalmente destinadas a la ceremonia del té y no se hacía distinción del origen de la pieza (es decir, no solo japonesas, sino chinas, como el ejemplo, o coreanas). Se dice que una cerámica reparada con kintsukuroi, no vuelve a romperse. Es más, además de ganar en resistencia y belleza, la pieza gana en valor y son muy cotizadas.

Estas piezas son tan especiales que incluso se ha llegado a imitar la técnica en piezas que no están rotas, simplemente como motivo estético. El kintsukuroi no es solo un modo de reciclaje de vasos, tazas o platos, sino que significa la dignificación de la alfarería, de la creación del alfarero, la prolongación de la vida del objeto dotándole de una nueva apariencia y “estatus”, y reconocer la pieza como un objeto con su propia historia, cuyas cicatrices constituyen la memoria de sus días.

Vaso de sake antiguo con kintsugi. Foto: Tomoko Matsubayashi.

Vaso de sake antiguo con kintsugi. Foto: Tomoko Matsubayashi.

Os dejo un vídeo para ver cómo se arregla una vasija mediante kintsukuroi.

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Nueva sección

Hacía mucho tiempo que me rondaba en la cabeza dedicar en el blog una serie de posts al arte japonés, un ámbito que no está muy desarrollado en España. En el terreno personal, me ha llevado a, incluso, estudiar el idioma, y hace ya unos cuantos años, me devolvió el gusanillo del estudio y la investigación, llegando hacer alguna que otra publicación monográfica sobre el tema y, hoy día, escribir sobre exposiciones de Asia o artistas asiáticos en PAC.

La sección se llamará Bijutsudō ( びじゅつどう – 美術), que hace alusión a la palabra japonesa para las Bellas Artes y el sufijo que señala camino (seguro que a muchos os suena el Bushidō, o camino del samurai). Aquí no solo entrarán artistas japoneses, sino también técnicas artísticas y artesanales, temáticas y hechos históricos/mitológicos relacionados de algún modo con el arte

Así pues, la próxima entrada que leáis en este blog será sobre algún ámbito de las Bellas Artes japonesas de hoy… o de ayer. La primera de muchas, espero.

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Aselart en Mazcuerras, por qué debe continuar.

El domingo, casi sobre la campana, visité la segunda edición de Aselart en Mazcuerras. No me pillaba por sorpresa: el año pasado tuve oportunidad de visitar el germen de lo que ha sido este año con la primera edición. Mazcuerras es un lugar que respira cultura, no en vano es lugar de nacimiento de Concha Espina y de residencia de Josefina Aldecoa, que se combina con un interesante patrimonio arquitectónico.

Aselart 2016, Mazcuerras, Retrazos

Aselart comenzó cuando se decidió hacer de Mazcuerras un museo al aire libre para las esculturas de madera -muchas talladas a partir de una sola pieza- de su médico, José Antonio Andrés Vera. Gracias a ello, mucha de la gente que iba de paso por el pueblo, conocía toda su estructura urbana al ir de un punto a otro buscando las piezas correspondientes. En paralelo, 13 artistas expusieron en la Casa Gótica.

Este año se ha dado un paso más: se ha optado por invitar a una serie de artistas, algunos venidos de Italia, Rusia o Polonia, que han convertido Luzmela en un espacio en el que el Land Art es el protagonista absoluto. Además, se ha expandido el “museo” al aire libre, incluyendo Herrera de Ibio como nuevo espacio, y se han combinado las instalaciones con la integración de fotografías antiguas ampliadas a tamaño natural junto a los emplazamientos más destacados del pueblo. Algunas permitían la interacción directa con el visitante.

Aselart 2016, Mazcuerras, Retrazos

Por su parte, la Casa Gótica ha continuado siendo la sede para exposiciones de pintura y escultura. En mi caso, pude ver las personales pinturas de Isabel Gutiérrez Ríos y las esculturas de José Antonio Andrés Vera. Las formas orgánicas de las tallas de Andrés Vera, muchas de cuerpos femeninos, pero sin dejar de lado la materia original -aprovechando los nudos y las vetas de la madera, e incluso el nacimiento de las ramas como recurso artístico-, dialogan con los autorretratos y desnudos de Gutiérrez Ríos, que también se mueve en el terreno de lo intangible y lo onírico, algo que también comparte con las esculturas más abstractas del escultor. De Andrés Vera aún se pueden ver algunas de las piezas de mayor tamaño, normalmente base de troncos y raíces, de la edición pasada de Aselart en el centro del pueblo -en el parque, la plaza de Concha Espina, o junto al monumento de la escritora- que bien podrían formar parte de la edición de este año.

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La recepción por parte de la gente de la zona es admirable: ellos mismos te indican dónde está la pieza más cercana si te ven un poco perdido, se toman con naturalidad que pases junto a su jardín para ver una de las instalaciones, han participado en la instalación y las actividades, etc. No solo este año, sino que el año pasado Mazcuerras tenía más movimiento que otros pueblos más poblados y turísticos de los alrededores.

Sin embargo, a pesar de esto, algo parece que falta: que los que no vivimos en el valle del Saja “nos dignemos” a visitar esta interesante propuesta de uno de los pueblos más bonitos y mejor conservados de Cantabria (no solo lo digo yo, sino que fue premiado así en 2008). También quedan por pulir algunos aspectos como la, en mi opinión, corta duración o, visto de otro modo, el exceso de artistas invitados de las exposiciones de la casa gótica, pues apenas duran una semana y solo cuentan con un fin de semana para cada una. A pesar de realizarse en agosto, cuando hay más tiempo libre para desplazarse, también es cierto que el fin de semana es cuando más personas se mueven en desplazamientos cortos.

Por qué debería continuar Aselart

  • Porque revitaliza el pueblo con propuestas originales que implican no solo a los artistas que vienen para participar, sino también a los mismos habitantes que, por ejemplo, el año pasado tenían en sus propiedades esculturas o en las inmediaciones de sus casas, y que este año tienen instalaciones en árboles, fuentes y prados del pueblo, o fotografía escénica en las fachadas de sus casas, incluso junto a sus puertas.
  • Porque Mazcuerras tiene una historia vinculada a la Cultura y a la Literatura especialmente desde hace décadas y esta podría ser una forma de continuar con ese papel de lugar de inspiración creativa. Así se pone en valor la historia y el patrimonio de Mazcuerras a través del arte.
  • Porque en su entorno tiene un importante papel el turismo rural y patrimonial (Bárcena Mayor, Ruente o Cabezón de la Sal, además de la misma Mazcuerras, con importante patrimonio arquitectónico se encuentran en las inmediaciones) que propicia la afluencia de visitantes. El paisaje que lo rodea, también permite que el land art o las piezas que se expusieron el año pasado se integren a la perfección y se convierta en un recurso turístico particular.
  • Porque permite que lleguen a Cantabria nuevas propuestas de intervención de espacios urbanizados y semiurbanizados de la mano de artistas poco conocidos que se especializan en técnicas que no son fáciles de ver en la región.
  • Porque, aunque sea durante un mes, la mirada de los amantes del arte se puede desviar de la capital y volverse a este lugar tan especial en el valle del Saja.

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Aún está en su segunda edición, pero existiendo ejemplos de otros enclaves rurales, como Genalguacil en Málaga, y si evoluciona de forma acertada, esta cita se podría convertir en los próximos años en una reunión artística anual de prestigio para la localidad y los artistas, y de visita obligada para los amantes del Arte.

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El Poste C.A.R.L.O.S., 2º parte | Entrevista a Juan López

Acaba de finalizar el festival Desvelarte 2016 y un nuevo Carlos -más info en el anterior post– preside la glorieta de la calle Sol con Menéndez Pelayo. En esta ocasión es Ian Waelder quien interviene el poste.

Intervención de Ian Waelder en el Poste CARLOS. Desvelarte 2016. Fte. El Poste CARLOS.

Intervención de Ian Waelder en el Poste CARLOS. Desvelarte 2016. Fte. El Poste CARLOS.

Su creador, Juan López, nos cuenta más sobre este peculiar proyecto.

Pregunta- Antes de cualquier otra pregunta, y sabiendo que te gusta jugar con las palabras en los títulos de tus obras, algo que  seguramente te lo habrán preguntado muchas veces, ¿por qué se llama CARLOS y no de otro modo?

Respuesta- Por una vez, no hay nada oculto en el significado de estas letras. Simplemente había que nominar el proyecto de algún modo y muy pocas veces se pone un nombre de persona.  Carlos no es un homenaje a nada ni a nadie, sólo un nombre común, como la propia señal.

P- Se enmarcó en la edición 2011 de Desvelarte, pero ¿cómo nació el Poste CARLOS?

R- Viene de un interés continuo por llevar propuestas artísticas al viandante. Ese terreno en el que nadie espera encontrar nada cercano a lo artístico. Asaltar al espectador en su terreno, cuando no se lo espera ni tiene una predisposición a ver arte como cuando decide entrar a un museo.

P- Salvo el momento de tensión con la policía municipal, el poste no ha sufrido alteraciones ajenas a las intervenciones, lo cual es casi increíble en una sociedad en la que no es raro ver piezas de arte urbano vandalizadas o destruidas, ¿es difícil lograr que el poste se mantenga donde está, después de 5 años?

R- La verdad es que la gente ha sido bastante respetuosa con la propuesta. Eso siempre me ha sorprendido. Será que de una manera u otra, los ciudadanos de Santander lo han aceptado y acogido, lo que es una buena noticia. El mantenimiento del poste es nulo, simplemente está ahí, a la intemperie, como cualquier otro elemento urbano de la ciudad. Cuando renovamos con alguna propuesta nueva, pasamos un trapo y listo.

P- Siguiendo este mismo hilo, hay artistas urbanos que aceptan los cambios en sus creaciones ajenos a la idea original. En este caso, si a alguien le da por “modificar” alguno de los postes, bien dañándolo parcialmente, bien con grafiti, ¿se vería como algo natural o, más bien, como un atentado a la obra original? ¿se reemplazaría o limpiaría, o se dejaría tal cual hasta el momento de su sustitución?

R- Por un lado, soy partidario de que lo que le ocurra al poste o al trabajo del artista que haya instalado en ese momento, es una consecuencia más de su contexto, en este caso, el urbano. Cuando planteas este tipo de trabajos tienes que asumir que a partir del momento de su instalación deja de ser tuyo, de pertenecerte. Por otro lado, creo que no podríamos reemplazarlo, ¡no hay presupuesto!

P- ¿Qué criterios se siguen para elegir a los artistas que intervienen?

R- Básicamente se trata de traer a artistas que de una manera u otra nunca hayan tenido la posibilidad de enseñar su trabajo en Santander. Desde el principio la idea era vincular a gente de otros lugares con la ciudad. Obviamente, en cada uno de ellos hay un interés por lo urbano, la señalética, lo arquitectónico, la escultura…

P- Ahora que el proyecto tiene unos años, ¿te pones en contacto con artistas que pudieran encajar bien en el poste o se ponen ellos en contacto contigo para intervenirlo?

R- Generalmente me pongo yo en contacto con los que creo que pueden realizar alguna propuesta interesante y que sea gente afín a este tipo de proyectos autogestionados. Pero también me han llegado algunas propuestas de gente o emails preguntando que qué hay que hacer para exponer allí. Esta parte no es fácil, ahora mismo me puedo permitir hacer un par de propuestas al año por mi cuenta y alguna colaboración esporádica con algunas de las galerías de arte  de Santander o el propio Festival Desvelarte.

P- ¿Ya hay nuevos nombres para los próximos “postes”?

R- Tengo muchas ideas pero ellos no lo saben. ¡Ahora me toca convencerlos!

P- Por último, pero no menos importante, ¿para cuándo Juan López en el Poste CARLOS?

R- La verdad es que no es la finalidad del proyecto, pero nunca se sabe…

*Juan López  (Alto Maliaño, 1979) usa la metáfora, siempre desde la intervención específica en espacios dados. Pretende quebrar y luego recomponer los vínculos entre los tres elementos que conforman la ecuación de su trabajo: ciudad, subjetividad y poder. La idea de “quebrar” es esencial en su práctica. Le permite vincular la objetividad del “afuera” con la percepción individual. En muchos casos, este tránsito se realiza a través del lenguaje, que es sistemáticamente sesgado y recompuesto para alumbrar nuevos significados. Su eco reverbera en el collage, que enfatiza una relación compleja y ambigua entre textos e imágenes. En los intersticios (en la fractura) que esta produce, anida la tensión entre lo privado y lo público y la reevaluación del espacio social. Fte: Galería Juan Silió.
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¿Conoces este poste? Se llama CARLOS.

Poste CARLOS by Angela Cuadra, 2016. Foto: Mair CaSe.

Poste CARLOS by Angela Cuadra, 2016. Foto: Mair CaSe.

Recuerdo que hace unos años -más adelante se sabrá cuándo- leí que habían puesto un poste de señales en una glorieta de Santander y, al parecer, se estaba montando la marimorena porque había quien se quejaba de que confundía a los conductores. “Una cosa muy rara”, me dije. Cuando me enteré qué era el proyecto y, comprendí de qué se trataba la instalación, me pareció surrealista que pudiera dar lugar a confusión alguna. Se trataba de una instalación artística en plena calle cuyas “señalizaciones” nada tenían que ver con las del tráfico, mucho menos su localización, ¡qué tiquismiquis es la gente!

Bien, pues ese poste de señales no es algo que apareció de repente, sino que formaba parte del festival de arte público de Santander, Desvelarte, que este año, y si todo va bien, cumplirá su octava edición.

La historia del Poste C.A.R.L.O.S comienza en 2011 (cuando leí de aquel pequeño caos), situándose en la glorieta de calle Sol con Menéndez Pelayo de Santander, y ahí continúa, albergando artistas como Miguel Ángel Tornero, Julio Falagán, Fernando Navarro, Fernando Renes, Diana Larrea o, la actual invitada, Ángela Cuadra. La idea, además de situarse en el contexto de Desvelarte, tiene como origen la cabeza del artista cántabro Juan López, quien además ejerce como coordinador de C.A.R.L.O.S.

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Se podría decir que está a camino entre el arte urbano, un microespacio expositivo y una instalación pública al aire libre permanente a la par que mutante. Un espacio de intervención cuyo camino no ha sido precisamente de rosas. Sin embargo, la confusión inicial no ha sido la única polémica: en 2012 la intervención de Zumo Natural fue fruto de quejas por ofender al cuerpo de policía, ya que en los paneles aparecía la conocida frase de Eskorbuto “mucha policía, poca diversión”. Al parecer, el punk no era de su agrado.

El poste, por su situación en una zona de gran actividad creativa independiente, se caracteriza por darle un aire desenfadado a la zona, quizás incluso un poco rebelde dado que su forma de señalización vial y su emplazamiento, pero que, si se está atento, aporta una forma diferente de ver el arte contemporáneo. Algo único que no solo envuelve a los viandantes, sino también, a los conductores que normalmente no tendrían tiempo de ver piezas de arte convencionales mientras van al trabajo, pero que, al estar en una glorieta con la forma de una señal de tráfico, inevitablemente fijan su vista aunque sea por unos segundos.

Quien visite Santander y quiera salirse de los convencionalismos, ¡pasen y vean el Poste C.A.R.L.O.S.!

*Si queréis ver todos los “Postes C.A.R.L.O.S.”, pinchad aquí.

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