Descubriendo a Zeng Fanzhi

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Zeng Fanzhi, Hare. 2012. Óleo sobre lienzo. Fte. Rougier&Plé.fr

¿Quién es Zeng Fanzhi y cómo ha conseguido tener tres obras entre las 5 piezas más vendidas en 2016 por artistas asiáticos vivos? Lo cierto es que este artista chino ha superado en la lista que presentó COBO justo antes de finalizar 2016 a grandes nombres mediáticos del mercado asiático como Yayoi Kusama, Ai Weiwei o Yoshitomo Nara.

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Zeng Fanzhi, This Land Is so Rich in Beauty 2. 2006.Óleo sobre lienzo. Fte. Saatchi Gallery

El éxito de Zeng (1964) no es nuevo. Lleva varios años acomodado entre los artistas asiáticos más cotizados y rivaliza con Ai por el “reinado” del arte contemporáneo chino. En España solo se le ha podido ver en exposición una vez, allá por 2009, en una exposición en la Fundación Godia de Barcelona. Ai Weiwei es la estrella mediática, la cara visible y provocadora; Zeng Fanzhi es ese que está en segundo plano, fuera de los focos, pero que goza de mayor reputación en los medios especializados y entre los coleccionistas. La prueba es que mientras Zeng es el 2111 de la clasificación de ArtFacts, pero 65 en ArtPrice; Ai es el 22 en la primera y el 152 en la segunda.

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Zeng Fanzhi, From 1830 Till Now Nº4. 2014. Óleo sobre lienzo. Fte. Ocula.com

Aunque por aquí no se oiga mucho su nombre es, desde hace casi una década, artista de referencia en China. Todo comenzó en 2001, cuando pintó su versión de la Última Cena de Leonardo y comprada al año siguiente por el prestigioso matrimonio de coleccionistas Ullen. A partir de ahí, la cotización de sus obras no hizo más que ascender. Fue revendida en 2013, cuando dio el pelotazo en una subasta que rompió récords de precio de obra de artistas asiáticos y se encumbró como el artista asiático más cotizado. Vendida por menos de un millón de dólares; subastada por 23 millones. Ese mismo año, el Museo de Arte Moderno de París de dedica una retrospectiva individual por todo lo alto.

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Zeng Fanzhi, Last Supper. 2001. Óleo sobre lienzo. Fte. Pinterest

El Expresionismo alemán está presente de forma continua en su obra: en la pincelada, lo lóbrego de sus paisajes, la angustia e inquietud que transmite la atmósfera de sus pinturas, etc. En algunas piezas de sus inicios, también se adivinan rasgos de la vanguardia parisina de los primeros años del s. XX. Sin embargo, todo esto está en consonancia con la influencia del retrato y el paisaje chino de carácter tradicional en un equilibrio de influencias orientales y occidentales. Más recientemente, los motivos vegetales, ramas secas, cuando no forman parte principal de paisajes de tintes distópicos, se convierten en acompañantes que enturbian la mirada de versiones en gran formato de grandes obras clásicas occidentales, como la ya impresionante liebre de Durero. Estas ramas, en ocasiones mutan en serpenteantes líneas que distorsionan retratos de figuras capitales de la cultura, apareciendo grandes artistas como Warhol, o figuras de otros ámbitos como Giorgio Armani.

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Zeng Fanzhi, Hare. 2012. Óleo sobre lienzo.

Además de los paisajes, en Zeng destacan sus obras con figuras humanas, siempre enmascaradas con el mismo rostro y de manos desproporcionadamente grandes. En China, históricamente, el grupo es lo importante sobre el individuo, un sentimiento arraigado que, si bien hoy día tiende a disiparse. Asimismo, la inexpresividad de las máscaras, son un signo de la alienación en las grandes ciudades sobre todo para quien emprende en un país como China el viaje del campo a la capital -que vivió el mismo artista al trasladarse a Beijing-, el desconocimiento de la gente y la máscara que el ser humano crea en la sociedad actual que produce la sensación de no llegar a conocer a las personas. Estas máscaras en su forma se asemejan a las tradicionales chinas, pero el hecho de representar el mismo rostro (en el caso de mujeres solo se distinguen, y no siempre, por el lápiz de labios) hace que, acertadamente o no, venga a la cabeza la máscara que aparece en el cómic de V de Vendetta y que, más tarde, se ha convertido en símbolo de Anonymous.

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Zeng Fanzhi, Hospital Series. 1994. Óleo sobre lienzo. Fte: Saatchi Gallery.

En sus series, siempre deja una parte de sí mismo: reflexión personal, experiencias vividas (como la serie de escenas de hospitales, muy duras, por cierto), la propia historia reciente de su país. Su entorno, donde la tranquilidad y el silencio parecen tener una importancia básica para preparse para su trabajo, le inspira para crear, como dice en el siguiente vídeo.

http://edition.cnn.com/video/api/embed.html#/video/arts/2016/11/25/masters-at-work-zeng-fanzhi.cnn

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Doble ración de arte japonés en Valladolid

Dos exposiciones sobre arte japonés, bien merece una visita a cualquier ciudad, en este caso, Valladolid, en las salas de las Francesas y del Museo de la Pasión el pasado mes de noviembre.

En el interior de sendas iglesias desacralizadas, separadas por no más de 500m., se presentaron dos muestras tan lejanas y, a la vez, tan cercanas entre sí: el postpop japonés -capitaneados por el Superflat de Murakami y la factoría Kai Kai Kiki- y el arte sobre el teatro Noh. En su aparente contraste, es precisamente Murakami quien ejerce de bisagra entre ambas exposiciones, pues su formación en nihonga -arte japonés tradicional- hace que sus piezas, aunque de gran actualidad técnica, escondan pedazos de historia del arte japonés tanto en aspectos formales como conceptuales.

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Arriba. Takashi Murakami, tres versiones de Daruma. 2008.  Abajo. Hokumeisenshi, Daruma. Periodo Edo.

 Japan Now, Sala de las Francesas

Lo primero que destaca de la exposición es el interior de la iglesia, que conserva intacta su estructura original con la única salvedad de que han quitado los bancos y el altar. En este contexto de recogimiento y silencio, resalta como una explosión el colorismo y la vivacidad de las primeras piezas de Takashi Murakami, que dan la bienvenida a la muestra.

La exposición se queda pequeña, ya que 3 ó 4 obras por artista, excepto Murakami, sobre un tema tan vasto como el Superflat, no permite abacar el significado ni la relevancia que tiene en Japón. Es más, se incluye otros artistas como Yoshitomo Nara que en absoluto está vinculado a ello lo que, para un visitante que no sepa mucho sobre el tema y no esté muy atento a los paneles explicativos, llevaría a esta confusión. Lo que sí es interesante es que de los 8 artistas, 5 son prácticamente desconocidos en Occidente, por lo que es un soplo de aire fresco y se difumina de la exposición la sensación de estar ante lo mismo de siempre cuando se trata de arte contemporáneo japonés. Es más, descubrir en España la obra de Akane Koide (Tokyo, 1991) o Chinatsu Ban (1973) es un privilegio.

Japan Now. Akane Koide

Vista de las obras de Akane Koide.

Hacer comprender el arte actual japonés y, en concreto, el Superflat, comparando Kai Kai Kiki y a Murakami directamente con Warhol y el Pop se hace muy difícil: simplifica, explicando solo la influencia estadounidense en la cultura y la sociedad japonesa, el complejo y -frecuentemente- contradictorio modo de vida nipón y todo lo que conlleva omitir los siglos de historia que hay detrás y que aún tienen un peso capital en la población. Falta incidir en aspectos como la tremenda influencia del manga y el anime; la presencia del Nihon-ga en la formación artística; la actualidad de la tradición cultural y religiosa entre los “supertecnológicos” japoneses; la relación amor-odio del japonés con la cultura estadounidense, etc. Por si fuera poco, los textos de los paneles, aunque interesantes, contenían tantas faltas de coherencia, ortografía y errores de traducción que uno terminaba con una sensación a caballo entre la frustración y el enfado y optaba por informarse por su cuenta sobre los artistas.

Japan Now

Japan Now. Vista general de la exposición.

El elogio del silencio. Teatro Noh en la sala del Museo de la Pasión.

El teatro Noh ( Nō), aunque ya existía, no es hasta el s. XIV cuando toma la estructura que todos conocemos y se populariza. El Heike y el Genji Monogatari son las grandes fuentes literarias de las que bebe el Noh, que se basa fundamentalmente en el drama -excepto una pieza de kyōgen o comedia/sátira que se realiza a mitad de función-.

El rasgo más identificable del teatro clásico japonés es la extrema sobriedad de la decoración del escenario, llegando a veces a ser inexistente, y el uso de la máscara en los actores. Todo ello recibe una enorme influencia del budismo zen. En el Noh, el movimiento lo es todo: a través de gestos pausados pero constantes, los actores desprenden una espiritualidad, armonía y elegancia que deja al espectador hechizado. Sin embargo, y a diferencia del Kabuki, en el Noh no se da toda la información al espectador, sino que debe reconstruir mentalmente un contexto, un paisaje, una estancia e, incluso, una situación.

Esta exposición -cuyo título alude al Elogio de la Sombra de Tanizaki, que habla largo y tendido sobre el Noh, el Kabuki y el Bunraku- presentaba, a través del arte, las características básicas del Noh, sus géneros y personajes más recurrentes y, por supuesto, las escenas más representativas. La técnica más empleada para ello es el nishiki-e, una forma de xilografía, y el autor más destacado, Tsukioka Kōgyo, a quien se dedicó todo el piso superior de la sala. Aunque los textos explicativos -por una parte necesarios para comprender la complejidad de actores y géneros del teatro- son constantes y largos con la consecuente interrupción de la observación para leer de qué se trata, la exposición rezumaba el mismo aire solemne que una obra de teatro clásico nipón. Si se hubiera podido adaptar, el espacio de la Sala de las Francesas habría magnificado aún más ese silencio del título, ya que, salvo por la fachada, uno se olvida que está en el interior de lo que fue un templo.

No obstante, la visita mereció la pena por la reunión de tantos kakejiku de tanta calidad y en tan buen estado de conservación en una misma sala. Las figuras parecían sobresalir de los soportes gracias a los fondos neutros (recurso que más tarde aprovecharán, precisamente, Murakami y otros artistas japoneses actuales) y, en el piso superior, la vista se entretenía en las complejas y detalladas escenas de Kōgyo que hacían que se perdiera la noción del tiempo. Cuando se acabó de ver la exposición, quedó una sensación de saturación de conocimiento e información a la par que curiosidad por profundizar en esta forma de teatro tan poco vista en España.

Gracias a la simultaneidad de estas dos exposiciones tan distintas en apariencia, los no versados en el arte japonés han podido ver que, a pesar del paso de los siglos y la evolución en las técnicas y los materiales, los artistas nipones actuales miran, y mucho, a su pasado. Si diera la circunstancia de tener más a menudo exposiciones como estas aplicadas al arte occidental, con obras con paralelismos tan evidentes que se relacionaran dos exposiciones situadas en dos espacios expositivos diferentes aunque no muy lejanos entre sí,  es posible que el público general comenzara a cambiar poco a poco su visión del arte de nuestros días.

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Cicatrices de oro: Kintsukuroi

En el Arte Occidental Contemporáneo, el objeto ha ganado una dimensión artística que hasta el s. XX no tenía. El Dadá comenzó dando un nuevo uso al objeto como obra de arte como tal mientras dejaba de ser el objeto en sí; quien visualiza el objeto es el recuerdo de lo que fue, pero despojado de su utilidad original. En el arte de finales del siglo XX y el actual XXI, la memoria del objeto, de su uso, sus usuarios, y su propia “historia” es representado por numerosos artistas como Isidro López-Aparicio o Doris Salcedo. En el caso de Chema Madoz, reinterpreta los objetos y, mientras aún es visible el uso para el que fueron creados, les otorga otro nuevo, alternativo, creando esos poemas fotográficos de doble lectura tan delicados.

Fuera del Arte, el consumismo actual provoca que los objetos sean desechados una vez cumplen con su misión o quedan dañados -a veces ni tan siquiera necesitan quedar obsoletos o romperse para deshacernos de ellos-. La obsesión por lo nuevo -a pesar de las políticas de reciclaje- llega a límites insospechados de renovación de un mismo objeto solo por haber salido uno nuevo ligeramente diferente: no nos da tiempo ni tan siquiera a sentirlo como nuestro, nos alienamos del objeto.

En Asia, concretamente en Japón, lo artesanal tiene una enorme importancia, llegándose a mantener en plena forma hoy en día técnicas de fabricación desde hace más de 500 años. La tradición es un aspecto muy importante de la cultura japonesa y en la artesanía, más aún. La cerámica es una de las grandes técnicas japonesas, no solo en su fabricación, sino también en términos decorativos (maki-e) y, lo que aquí nos atañe, de reparación.

Fte. momosanshop.wordpress.com

Fte. momosanshop.wordpress.com

Cuando un objeto cerámico apreciado se rompe, se puede acudir al pegamento de toda la vida o, si eres japonés y dispones de recursos y sabes dónde, mandar a un artesano que lo repare mediante la técnica del kintsugi (金継ぎ) o kintsukuroi (金繕い). Kin (金) significa oro y, ambos términos aluden a lo mismo: el primero suele ser traducido como “carpintería del oro” y el segundo “reparación/remendar con oro”. El kintsukuroi, por tanto, es una técnica de reparación de cerámica con oro -o metales preciosos como la plata, aunque en mucha menor medida-. La cerámica rota por el uso, por accidente, etc. es unida de nuevo y completada con oro y dotada de una nueva vida y apariencia. Todo esto entronca directamente con la filosofía japonesa y el concepto del wabi-sabi: la noción y asunción de la imperfección de la vida, su temporalidad y decadencia, y ver belleza en ello (esto es solo una pequeña parte de este concepto, pero nos extederíamos demasiado si hay que explicar todo lo que conlleva el wabi-sabi). Hay que tener en cuenta la importancia de los objetos que se obtienen de la naturaleza, en este caso la tierra, para la cultura japonesa; la ceremonia del té, cuya vajilla es a la que más se recurre al kintsukuroi para arreglarla también tiene un papel de gran importancia en la tradición y cultura japonesas.

Antes y después del kintsukuroi. Fte. Pinterest

Antes y después del kintsukuroi. Fte. Lakeside Pottery

El kintsugi se realiza mediante la aplicación de resina, primero, y polvo de oro después; otra forma es aplicar el oro ya mezclado. Los artesanos emplean pinceles, normalmente muy finos, con una enorme precisión. Además de la aplicación directa en las grietas, en caso de pérdida de material se realizan dos técnicas: yobitsugi, que inserta un trozo de una cerámica que nada tiene que ver con la original y makienaoshi, que sustituye en oro el pedazo faltante y, en caso de faltar el patrón decorativo, se trata de reproducir. Por supuesto, ni todas las vasijas se restauran, ni todo tipo de pieza de cerámica son objeto de este proceso: tienen que tener una vinculación personal con su dueño, una calidad extraordinaria o tener un significado muy concreto en la vida diaria, ya que no es un proceso barato.

Kintsugi sencillo, makienaoshi y yobitsugi. Fte. Amazon

Kintsugi sencillo, makienaoshi y yobitsugi. Fte. Amazon

Se dice que tuvo su origen en el s. XV cuando el shōgun Ashikaga Yoshimasa mandó reparar su taza de té china favorita al país de origen. Cuando volvió arreglada, el resultado no agradó al shōgun, ya que se hizo con grapas metálicas que afeaban el objeto, por lo que buscó a los mejores artesanos que lo reparasen de una forma más bella y delicada. Desde entonces se aplica esta técnica a piezas de cerámica, normalmente destinadas a la ceremonia del té y no se hacía distinción del origen de la pieza (es decir, no solo japonesas, sino chinas, como el ejemplo, o coreanas). Se dice que una cerámica reparada con kintsukuroi, no vuelve a romperse. Es más, además de ganar en resistencia y belleza, la pieza gana en valor y son muy cotizadas.

Estas piezas son tan especiales que incluso se ha llegado a imitar la técnica en piezas que no están rotas, simplemente como motivo estético. El kintsukuroi no es solo un modo de reciclaje de vasos, tazas o platos, sino que significa la dignificación de la alfarería, de la creación del alfarero, la prolongación de la vida del objeto dotándole de una nueva apariencia y “estatus”, y reconocer la pieza como un objeto con su propia historia, cuyas cicatrices constituyen la memoria de sus días.

Vaso de sake antiguo con kintsugi. Foto: Tomoko Matsubayashi.

Vaso de sake antiguo con kintsugi. Foto: Tomoko Matsubayashi.

Os dejo un vídeo para ver cómo se arregla una vasija mediante kintsukuroi.

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Nueva sección

Hacía mucho tiempo que me rondaba en la cabeza dedicar en el blog una serie de posts al arte japonés, un ámbito que no está muy desarrollado en España. En el terreno personal, me ha llevado a, incluso, estudiar el idioma, y hace ya unos cuantos años, me devolvió el gusanillo del estudio y la investigación, llegando hacer alguna que otra publicación monográfica sobre el tema y, hoy día, escribir sobre exposiciones de Asia o artistas asiáticos en PAC.

La sección se llamará Bijutsudō ( びじゅつどう – 美術), que hace alusión a la palabra japonesa para las Bellas Artes y el sufijo que señala camino (seguro que a muchos os suena el Bushidō, o camino del samurai). Aquí no solo entrarán artistas japoneses, sino también técnicas artísticas y artesanales, temáticas y hechos históricos/mitológicos relacionados de algún modo con el arte

Así pues, la próxima entrada que leáis en este blog será sobre algún ámbito de las Bellas Artes japonesas de hoy… o de ayer. La primera de muchas, espero.

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Aselart en Mazcuerras, por qué debe continuar.

El domingo, casi sobre la campana, visité la segunda edición de Aselart en Mazcuerras. No me pillaba por sorpresa: el año pasado tuve oportunidad de visitar el germen de lo que ha sido este año con la primera edición. Mazcuerras es un lugar que respira cultura, no en vano es lugar de nacimiento de Concha Espina y de residencia de Josefina Aldecoa, que se combina con un interesante patrimonio arquitectónico.

Aselart 2016, Mazcuerras, Retrazos

Aselart comenzó cuando se decidió hacer de Mazcuerras un museo al aire libre para las esculturas de madera -muchas talladas a partir de una sola pieza- de su médico, José Antonio Andrés Vera. Gracias a ello, mucha de la gente que iba de paso por el pueblo, conocía toda su estructura urbana al ir de un punto a otro buscando las piezas correspondientes. En paralelo, 13 artistas expusieron en la Casa Gótica.

Este año se ha dado un paso más: se ha optado por invitar a una serie de artistas, algunos venidos de Italia, Rusia o Polonia, que han convertido Luzmela en un espacio en el que el Land Art es el protagonista absoluto. Además, se ha expandido el “museo” al aire libre, incluyendo Herrera de Ibio como nuevo espacio, y se han combinado las instalaciones con la integración de fotografías antiguas ampliadas a tamaño natural junto a los emplazamientos más destacados del pueblo. Algunas permitían la interacción directa con el visitante.

Aselart 2016, Mazcuerras, Retrazos

Por su parte, la Casa Gótica ha continuado siendo la sede para exposiciones de pintura y escultura. En mi caso, pude ver las personales pinturas de Isabel Gutiérrez Ríos y las esculturas de José Antonio Andrés Vera. Las formas orgánicas de las tallas de Andrés Vera, muchas de cuerpos femeninos, pero sin dejar de lado la materia original -aprovechando los nudos y las vetas de la madera, e incluso el nacimiento de las ramas como recurso artístico-, dialogan con los autorretratos y desnudos de Gutiérrez Ríos, que también se mueve en el terreno de lo intangible y lo onírico, algo que también comparte con las esculturas más abstractas del escultor. De Andrés Vera aún se pueden ver algunas de las piezas de mayor tamaño, normalmente base de troncos y raíces, de la edición pasada de Aselart en el centro del pueblo -en el parque, la plaza de Concha Espina, o junto al monumento de la escritora- que bien podrían formar parte de la edición de este año.

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La recepción por parte de la gente de la zona es admirable: ellos mismos te indican dónde está la pieza más cercana si te ven un poco perdido, se toman con naturalidad que pases junto a su jardín para ver una de las instalaciones, han participado en la instalación y las actividades, etc. No solo este año, sino que el año pasado Mazcuerras tenía más movimiento que otros pueblos más poblados y turísticos de los alrededores.

Sin embargo, a pesar de esto, algo parece que falta: que los que no vivimos en el valle del Saja “nos dignemos” a visitar esta interesante propuesta de uno de los pueblos más bonitos y mejor conservados de Cantabria (no solo lo digo yo, sino que fue premiado así en 2008). También quedan por pulir algunos aspectos como la, en mi opinión, corta duración o, visto de otro modo, el exceso de artistas invitados de las exposiciones de la casa gótica, pues apenas duran una semana y solo cuentan con un fin de semana para cada una. A pesar de realizarse en agosto, cuando hay más tiempo libre para desplazarse, también es cierto que el fin de semana es cuando más personas se mueven en desplazamientos cortos.

Por qué debería continuar Aselart

  • Porque revitaliza el pueblo con propuestas originales que implican no solo a los artistas que vienen para participar, sino también a los mismos habitantes que, por ejemplo, el año pasado tenían en sus propiedades esculturas o en las inmediaciones de sus casas, y que este año tienen instalaciones en árboles, fuentes y prados del pueblo, o fotografía escénica en las fachadas de sus casas, incluso junto a sus puertas.
  • Porque Mazcuerras tiene una historia vinculada a la Cultura y a la Literatura especialmente desde hace décadas y esta podría ser una forma de continuar con ese papel de lugar de inspiración creativa. Así se pone en valor la historia y el patrimonio de Mazcuerras a través del arte.
  • Porque en su entorno tiene un importante papel el turismo rural y patrimonial (Bárcena Mayor, Ruente o Cabezón de la Sal, además de la misma Mazcuerras, con importante patrimonio arquitectónico se encuentran en las inmediaciones) que propicia la afluencia de visitantes. El paisaje que lo rodea, también permite que el land art o las piezas que se expusieron el año pasado se integren a la perfección y se convierta en un recurso turístico particular.
  • Porque permite que lleguen a Cantabria nuevas propuestas de intervención de espacios urbanizados y semiurbanizados de la mano de artistas poco conocidos que se especializan en técnicas que no son fáciles de ver en la región.
  • Porque, aunque sea durante un mes, la mirada de los amantes del arte se puede desviar de la capital y volverse a este lugar tan especial en el valle del Saja.

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Aún está en su segunda edición, pero existiendo ejemplos de otros enclaves rurales, como Genalguacil en Málaga, y si evoluciona de forma acertada, esta cita se podría convertir en los próximos años en una reunión artística anual de prestigio para la localidad y los artistas, y de visita obligada para los amantes del Arte.

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