¿Qué ocurre cuando un barrio desaparece?

A veces escuchamos a nuestros abuelos contar cómo era el lugar en el que vives cuando ellos eran jóvenes y te das cuenta de que no tienen nada que ver con lo que tú concibes con tu ciudad o pueblo. Frases que usamos nosotros con cierta coña como el “antes, todo esto era ‘prau'”, son habituales en estas historias. Nosotros no solemos darle mucha importancia porque no lo hemos conocido y no somos conscientes de los cambios que implica la creación de un barrio para la gente de las inmediaciones o que frecuentaban esa zona. Tampoco nos paramos a pensar qué sintieron cuando derribaron un convento, crearon una plaza o construyeron edificios donde antes había una fábrica o un parque -por ejemplo-.

Chimenea. Convento de las Clarisas. Cabildo de Arriba

Chimenea que ha quedado al descubierto tras el derrumbe de las propiedades de la antigua Tabacalera. Foto: Mair CaSe

Pues bien, eso lo vivimos en nuestras ciudades, da igual dónde vivamos. Se realizan nuevas construcciones y de derriban edificios en mal estado con cierta asiduidad, pero, a veces, de lo que no somos conscientes es que, cuando esto se concentra en una misma zona, podemos presenciar el fin de un barrio histórico, de una forma de vivir.

Esto es lo que está ocurriendo en Santander con el Cabildo de Arriba. Seamos sinceros, no es la zona con mejor reputación de la ciudad, no tiene un gran tránsito de turistas y no son calles de paso, excepto que tengas que ir a algún lugar cercano, o en el barrio. Sin embargo, por las calles del Cabildo pasaron reyes y nobles, caballeros y diplomáticos, mercaderes y, cosa que de pocos barrios se puede decir, son protagonistas de uno de los libros clave del costumbrismo español: Sotileza, escrita por uno de sus vecinos, un tal José María de Pereda. Barrio de pescadores y artesanos, la salida de Santander hacia la meseta desde la Edad Media y, junto a las calles Arrabal y Enmedio, primera zona urbanizada extramuros. Casi nada.

Rampa de Sotileza

Placa conmemorativa de la Rampa de Sotileza. Foto: Mair CaSe

En el Cabildo se encuentran construcciones de viviendas humildes, pero que superan el siglo e incluso, el siglo y medio de vida -uno de los edificios de la calle Alta ha sido datado en el XVIII-, pero no solo eso, tres de las construcciones más antiguas de la ciudad, exceptuando el núcleo de la catedral y algún que otro edificio más que se pueden contar con los dedos de la mano, se encuentran allí: la iglesia de Consolación de mediados del s. XVIII, el Convento de las Clarisas del s. XVII -casi en ruina- y el Hospital de San Rafael -hoy, Parlamento de Cantabria- que fue finalizado en 1791.

Parte de mi infancia consistía ir a catequesis a Consolación y mi colegio estaba justo en el límite del Cabildo. En esos años 90 ya estaba languideciendo: aunque había comercios, era una de las zonas más deprimidas y conflictivas de la ciudad, y mis padres nunca me dejaban ir sola. Yo ni me fijaba por dónde pasaba y solo quería evitar tener que ir a la parroquia para la catequesis de los jueves. Sin embargo, había algo de magia y misterio en aquellas calles estrechas y oscuras con casas de galerías corridas de madera y balcones destartalados y, aunque no pasaba muy a menudo por allí, siempre me parecieron preciosos esos edificios de rasgos tan reconocibles -comparten apariencia con, por ejemplo, los edificios de otro barrio de pescadores y artesanos con historia como Tetuán-.

Iglesia de Consolación

Iglesia de Consolación. Foto. Mair CaSe

Hoy día, y con una visión desde el contexto histórico y el cuidado del Patrimonio Histórico, ya derruidos los terrenos de la Tabacalera, se ve el estado de ruina de las Clarisas (BIC con categoría de monumento, por cierto) en un contraste frontal con la buena salud del Parlamento de Cantabria. La mayoría de los edificios ahora son solares, sobre todo en la Calle San Pedro y el final de Ruamayor, los que quedan en pie aguantan a duras penas por la dejadez durante años y una creciente especulación inmobiliaria sobre unas calles de edificios debilitados y semiabandonados que están en pleno centro de una ciudad que carece de centro histórico como tal. Muchos de ellos están ya sumidos en un coma del que posiblemente no despertarán porque unas obras de rehabilitación costarían mucho más que un edificio completamente nuevo y las partes implicadas miran para otro lado o se resignan.

Estamos presenciando la desaparición del único núcleo histórico que queda que recuerde el pasado medieval y de la Edad Moderna, de una época pasada. Sabemos que las ciudades, los barrios, tienen una vida, una época de crecimiento y esplendor y otra de declive. El Cabildo no solo es declive, es desaparición. Con él se irán recuerdos personales, históricos y literarios cuyos testigos mudos son esos edificios humildes, pero dignos de que permanezcan en el tiempo. La Historia y el Patrimonio Histórico no pertenecen solo al recuerdo de las clases altas, sino también de quienes, anónimos y humildes, también la forjaron.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Miscelánea. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s