Itinerarios XXII en la Fundación Botín

La Fundación Botín, a través de sus becas artísticas, apuesta fuerte por un arte conceptual de fuerte contenido político y social y, además, este año por la aplicación de la tecnología en el arte, destacando la impresión 3D.

Este año los nombres no son tan mediáticos como el año pasado con Wilfredo Prieto, cuyo vaso medio lleno en ARCOmadrid causó gran controversia o, en menor medida, el estadounidense Justin Randolph Thompson, que también estuvo muy presente en ferias (por ejemplo, su performance en Summa). De los siete artistas -entre los 40 y los 31 años- que exponen este año, 3 hombres y 4 mujeres; dos son portugueses y cinco, españoles, aunque dentro de estos, dos tienen vinculaciones con el mundo árabe y Brasil.

Las obras giran en torno a la memoria -la propia, la adquirida por lo contado por otras personas, la Memoria Histórica-, el papel de los medios de comunicación en la sociedad, la narración a través de las técnicas -hay un predominio del vídeo y las piezas sonoras-, y la crítica del mundo que nos rodea. Sin embargo, en términos generales, las obras poseen tal carga conceptual, pues se centran más en el carácter documental, el objeto como testigo, y la reivindicación, que prácticamente se difumina la dimensión puramente estética de las piezas.

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Cartel de la exposición. Cortesía de la Fundación Botín.

Un montaje laberíntico aunque bien organizado, acotando más claramente la zona de exposición de cada artista que el año pasado, también influye en la experiencia de la visita, en algunos casos, condicionando las sensaciones y la opinión sobre las piezas.

En el caso de Sara Ramo, se nos conduce, no sin incertidumbre, a la etnografía, a las tradiciones de carácter primitivo y la esencia del ser humano, a través de un ritual selvático nocturno. La videoinstalación se sale de lo habitual: se debe seguir un camino de luz hasta la oscuridad absoluta y, solo venciendo al temor -la puerta que da acceso al vídeo se halla casi escondida y aparece una cierta sensación de duda sobre si aventurarse a abrirla o no-, se logra acceder al espacio donde tiene lugar ese ritual secreto. Este particular acceso, también influye en la sensación que transmite el vídeo (mientras unos pueden quedar gratamente sorprendidos, casi ilusionados, por haber encontrado el secreto que esconde ese extraño recorrido, esa ‘aventura’; otros pueden sentirse frustrados e incluso ligeramente molestos por encontrar de difícil acceso el vídeo).

Belén Zahera y Karlos Gil aplican impresión 3D (él, de filamento, a partir de la investigación sobre una invención del s. XIX de réplicas a menos escala; ella, de polvo cerámico, profundizando en los intentos de recuperar especies animales y vegetales y culturas perdidas) al arte para reproducir piezas arqueológicas, reflexionando sobre la copia en el arte y la capacidad de la reproducción exacta de un mismo objeto, o la creciente presencia de las nuevas tecnologías en las ciencias sociales. Además, Zahera, describe las impresiones de las piezas que expone en un documental protagonizado por ella misma.

Ambos desarrollan su obra en torno a la historia, como Teresa Solar Abboud, quien a través del diseño 3D, fusionando material fílmico real y reconstruido, muestra la transformación del objeto y el paisaje histórico, así como el cambio -y pérdida- de significado sobre un objeto o lugar que se produce en las personas a lo largo de los siglos en paralelo a los cambios de pensamiento y creencias.

Paloma Polo y Daniel Barroca, no solo hablan de Historia, sino también de Memoria Histórica. La primera nos lleva a la Filipinas de los años 70, cuando los indígenas fueron empujados por el gobierno a irse de su territorio para dedicarlo a agricultura intensiva y la industria. Empleando la triste historia personal que cuenta uno de ellos como metáfora, a través de ilustraciones que van mutando, se muestra cómo poco a poco la presión contra la cultura indígena fue desplazándolos y obligándoles e ir adaptándose a los nuevos tiempos. Barroca, por su parte, usa un lenguaje directo y muy personal combinando dibujos con reflexiones personales, fotografía y sonido que, en el caso de la instalación principal puede incluso llegar a herir sensibilidades, para hablar de uno de los temas tabú de Portugal: el lado oscuro de la guerra colonial durante los últimos años de la dictadura de Salazar.

Finalmente, si os acercáis a ItinerariosXXII, tenéis radio a mano y sintonizáis la 88.8, oiréis la pieza sonora de Nuno da Luz. Shanghai 88.8 es, por tanto, más que un mensaje en la pared de la sala. Mientras se escuchan los sonidos atmosféricos y de fenómenos electromagnéticos tomados en diferentes lugares, se puede ojear un particular libro con mensajes interrumpidos por la propia encuadernación.

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