‘El fuego de la visión’ de Marina Núñez

Pensé que no podría ver la exposición de Marina Núñez -una de mis artistas favoritas- en Alcalá 31. Ir a Madrid entre las fechas de la exposición parecía improbable, hasta que surgió un evento al que iba a ir de acompañante. Ya está, la excusa perfecta… y funcionó.

Mi ‘historia’ con Marina Núñez se remonta a 2008, cuando, durante las prácticas de master, pasé dos meses disfrutando de uno de los vídeos de Ciencia Ficción -no tanto de sus Sirenas, pero sí que pude embalarlas al desmontar la exposición-. Leer sobre la exposición Luz y tinieblas en la Catedral de Burgos, que tenía lugar también por aquellas fechas, no hizo más que aumentar mi curiosidad y fascinación por esta artista. Buscando, encontré sus trabajos basados en la mitología clásica y, por otro lado, los que revisaban el arte del renacimiento y el barroco, siempre con personajes femeninos como protagonistas. Dos años más tarde, nos ‘volvimos a encontrar’ en Málaga (vídeo de Ciencia Ficción incluido y  momento en el que, por cierto, conocí a Pedro Gallego de Lerma) y, tras varios años de no coincidir artísticamente, volví a ver su obra en la primera exposición en La Gran, que por otro lado tiene también un punto de ‘reincidencia’. Visitar El fuego de la visión ha supuesto una especie de resumen de todo esto, donde me he ‘reencontrado’ con las sirenas, las obras que vi en Málaga y he podido disfrutar de otras que no había podido ver todavía en directo.

El fuego de la visión. Solamente con el título se puede resumir la obra de Marina Núñez: del fuego del infierno, las tinieblas, la pasión; al ojo que todo lo ve, el futuro incierto, la vista. Una retrospectiva para una obra multidisciplinar, pero centrada desde el inicio en la tecnología digital, otro aspecto que siempre me ha atraído de su obra. Ver su obra es un reflejo de cómo han evolucionado los recursos digitales en el mundo del Arte Contemporáneo: las calidades de los renderizados, de las texturas, los movimientos de las animaciones, hacen cada vez más verosímiles esos mundos misteriosos que la palentina nos presenta.

 Tampoco lo voy a negar: la sensación de desasosiego, inquietud e incertidumbre ejerce sobre mí un imán. No puedo evitar quedarme tiempo y tiempo viendo todos y cada uno de los detalles de vídeos de figuras que se retuercen, que ‘caminan’ por las paredes mientras arden; de estructuras arquitectónicas postapocalípticas o cuyas complejas estructuras móviles recuerdan las cárceles de Piranessi; de ojos que te miran primero, que luego miran ‘más allá’ y te sientes cohibido ante su intensidad de movimiento -o su fijación-. No es un arte ‘amable’, canónico, pero tampoco provoca el rechazo del espectador, al contrario: indaga aún más en las piezas para saber más, comprender, descubrir lo que esconde, lo que realmente es.

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Marina Núñez es un viaje a lo Tenebroso, lo Grotesco, con un toque ucrónico; nos introduce en la locura -los sonidos superpuestos de los vídeos aumentan esa sensación de delirio-, al miedo de lo desconocido, lo irracional. Es una terapia contra el subconsciente, de lo que hay dentro de nosotros y tememos que salga a la luz; o lo que tememos que seremos en un futuro, no solo como individuos.

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