Días de música y arte. ‘Días de Vinilo’ en Patio Herreriano

El patio de Patio Herreriano.

El patio de Patio Herreriano. Foto: Sacrys

Hay exposiciones de grandes dimensiones que pueden resultar pesadas, cansinas o repetitivas, sobre todo si hay que ir pasando salas y más salas, e incluso pisos, dándole vueltas a un mismo tema. Soy de la opinión de que muchas veces en el arte contemporáneo, como en el diseño, menos es más, y prefiero una buena selección de piezas que una exposición mastodóntica prolija en todo tipo de “explicaciones” artísticamente hablando. Prefiero esas que te hacen pensar y abrir el apetito indagador, y que no te den todo el trabajo visual hecho, de las que vas a casa y continúas tu propia exposición en el ordenador buscando más obra de algún artista, más artistas que trabajen el tema en cuestión o profundizando en el concepto presentado. Que dejen con ganas de más y no saturado. Sin embargo, como en todo, hay excepciones. Una de ellas me aconteció en Valladolid, en ese museo que es más nombrado por estar en la cuerda floja que por sus exposiciones: Patio Herreriano.

He de decir que aunque su ubicación es más que buena -en el centro de la ciudad-, su entrada pasa más bien desapercibida, sobre todo cuando se es forastero, pero cuando uno entra queda enormemente sorprendido por la arquitectura del edificio y por las enormes posibilidades de sus salas. Especialmente me gustó la atmósfera que desprende La Capilla, en la que aún se percibe lo que fue la capilla gótica original de la construcción.

Cartel de la exposición.

Cartel de la exposición.

Pero pasemos a lo que realmente importa: esa exposición extensa, inmensa, podría decirse que densa, pero inevitablemente interesante y entretenida, no solo para los que nos dedicamos a esto del Arte o su historia, sino para todo aquel que, simplemente, disfrute o haya disfrutado de la música en algún momento de su vida. Estoy hablando de Días de Vinilo.

No solo es un conjunto de discos de vinilo, portadas y, posiblemente para el visitante, recuerdos, sino una comprobación de que el arte contemporáneo, desde la segunda mitad del siglo XX, ha estado estrechamente vinculado a la música. Además, todas las secciones están acompañadas de carteles con QRs con listas de reproducción de Spotify confeccionadas expresamente para la exposición. La muestra se completa con obras de la colección del museo.

Vista parcial de una de las salas de la exposición.

Vista parcial de una de las salas de la exposición.

Resulta sorprendente descubrir a casi todos los grandes representantes del Pop Art (de Warhol es destacable que no solo hizo portadas para The Velvet Underground, sino también para Elvis Presley, por ejemplo), algunos de los fotógrafos más destacados del siglo pasado, e incluso artistas polémicos como Damien Hirst entre muchos otros, han sido creadores de portadas desde la explosión del rock como música para todos los públicos. La exposición no se limita a los grandes grupos de pop, sino que otorga su papel, su importante papel, al Jazz, al Rock, y toda la subcultura metal, punk, grunge o progresive que mucho tienen que decir en esto del diseño para portadas. Podemos ver portadas con psicodelia, comic, ilustración, fotografía, collage, y un largo etcétera desde que a finales de los años 30 a Alex Steinweiss se le ocurrió hacer portadas más atractivas para los discos de la discográfica Columbia.

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Tampoco se olvida de España. Nuestro país ha ido trayendo -adaptado a los cánones de la censura y demás dogmas socioculturales y morales de la Dictadura- todo lo que surgía en el exterior, con algo de retraso, claro, y con ese aire cañí de aquellos tiempos-. Sin embargo, la Transición opera cambios incluso en este aspecto y La Movida -madrileña, o de cualquiera de los otros puntos del país donde surgieron movimientos contraculturales en los 80- trae consigo una nueva forma de ver la música y la forma de presentarla. Ahí es cuando el diseño musical español toma personalidad propia.

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Solo podría ponerle dos ‘peros’: se echó en falta algún asiento para deleitarse en las portadas de los grupos favoritos y, de paso, descansar un poco; y red wifi abierta (o con un código válido para el día de la exposición o semejante) durante la exposición para poder acceder a los QR de las listas de Spotify: es una buena idea, pero Spotify tiene un gran consumo de datos móviles y es una pena no poder disfrutar de ello in situ.

Para el que no esté versado en el arte, pero le guste la música es una buena introducción al primero; para aquel que le ocurra a la inversa, es una razón de peso para investigar más sobre la música.

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