#MuseosPro. Semana 4: Dentro y Fuera

*Esta misma entrada pertenece al proyecto colaborativo #MuseosPro. Si quieres ver esta entrada junto con las otras que se vayan publicando pinchando aquí

 

Los museos –como cualquier otra empresa-, al menos por mi experiencia, pocas veces preguntan a los trabajadores cómo ven al público/cliente, si ven algún aspecto a mejorar o si tan siquiera les gusta la exposición temporal que toca. Recordemos que muchas veces ese trabajador de cara al público es alguien formado y vinculado a la temática del museo, pero que es el punto de comunicación y ven directamente la verdadera opinión del usuario. Cuando me tocó “estar dentro”, ni tan siquiera se me informaba sobre la siguiente exposición cuando estaba a punto de finalizar la que estaba en muestra. Las barreras entre el llamado trabajo de oficina y el trabajo cara al público, en ocasiones es demasiado grande, cuando son estos últimos los que realmente conforman la imagen del museo.

Ahora, mirando desde afuera, cuando uno ve colaboraciones con museos, suelen ser grandes nombres o empresas. No hay riesgo, se juega sobre seguro para mantener el nivel. Pero, ¿y si arriesgar significa una mejora, darle un aire fresco y nuevo al centro? El arte contemporáneo tiene la facilidad de desenvolverse en mil y un contextos, y hay muchos, y buenos, jóvenes profesionales que vienen pisando fuerte, en la creación y en la gestión y difusión. Volverse hacia los proyectos independientes, pequeños, aparentemente insignificantes en el panorama cultural de una ciudad, pero originales en su concepto y forma, es un recurso a explotar por los museos. Eso sí, sin pervertir la esencia del proyecto original ni cayendo en burdos plagios o adaptaciones; si alguien ha tenido una idea, lo lógico es darle la oportunidad de adaptarla, si lo desea, a algo más grande.

Aunque quedara en agua de borrajas por motivos que no vienen al caso, he vivido ver a todo un director de museo, subir a un piso convertido en estudio artístico eventual, para preguntar en primera persona por un proyecto humilde, de y sobre gente desconocida, que se iba a llevar a cabo días después: quiero conocer lo que ocurre al lado de mi puerta y si merece la pena, ver si se puede hacer algo en un futuro, dijo. Ese gesto valió más que otros gestos de interés, convertidos finalmente en amagos. La cultura, y el arte en nuestro caso, no solamente está formada por los grandes comisarios, o por los personajes y artistas de renombre. Quienes formamos o hemos formado parte de proyectos artísticos ajenos a los museos, siempre pensamos que nuestros participantes merecen ser vistos y considerados no solo por la organización o los visitantes, sino por quienes no creen necesario “mirar hacia abajo”, porque de este modo se pierden a muchos grandes artistas, muchas veces autodidactas, con un talento desbordante.

Los museos, no solamente deben mirar más allá en las colaboraciones con gestores, museólogos, comisarios y otros profesionales de los museos, sino en cuanto a los creadores mismos.

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