Museos Bizarros. Museos y el Sexo 1

Hay quien podría pensar que un museo dedicado al sexo es algo aislado, particular y, sobre todo, raro. Nada más lejos de la realidad. Pensaba hacer un post sobre las relaciones amorosas, pero dada la cantidad de museos del sexo que he encontrado no me queda más remedio que hacer no solo un monográfico, sino dos. El primero, este que nos ocupa, dedicado al sexo y su industria, y el segundo, lo dedicaré a los museos eróticos (o así se autodenominan). Habrá un tercero, menos generalista y, más bizarro.

Los museos del sexo existen a lo largo y ancho del planeta, desde ciudades conocidas por su Barrio Rojo como Amsterdam -el Sexmuseum y el Erotic Musem, el primero centrado en la historia del sexo como “lo más natural del mundo” y el segundo mezcla lo erótico, lo sexy, la experiencia y el arte- y otras por su Plaza Roja (no he podido evitar la analogía) y su particular política sobre las relaciones sexuales y amorosas de Rusia en general y Moscú más concretamente; solamente su nombre, Tochka G -Punto G-, ya escandaliza a muchos, sobre todo si se expone arte actual de temática sexual con el presidente del país como protagonista. Algunos, como el ya mencionado museo mocovita o el de Shanghai, se basan en la presencia del sexo en el arte y la naturaleza, otros, como el de Nueva York y el de Amsterdam, en la historia del sexo, su evolución y/o derivado al porno, como es el caso neoyorkino.

Como en Estados Unidos la cantidad unida a la variedad es una de sus características, no solo en la Gran Manzana se pueden encontrar museos de este tipo –Museum of Sex-, sino que en las inmediaciones de Las Vegas proliferan este tipo de museos. Existen dos museos dedicados al sexo como profesión; el Julia C. Bulette Red Light Museum y el Brothels Art Museum. Mientras que el primero se centra en la vida de esta meretriz y la práctica de la prostitución de mediados del s. XIX, el segundo tiene como reclamo el arte y la decoración propios de los burdeles estadounidenses. Por supuesto, la misma Las Vegas alberga el Erotic Heritage Museum, dedicado al patrimonio material generado por la industria del sexo, con conferencias y diversos eventos y talleres incluidos. Próximamente hablaré de un museo, también en Estados Unidos, dedicado a uno de los objetos más conocidos del mundo para tener sexo con uno mismo.

No salimos del continente americano; si en Estados Unidos hay museos del sexo por doquier, en México también hay un ejemplo en versión latina; el MuSex. Situado en un mastodóntico centro comercial dedicado al sexo, intercala figuras de la historia del sexo con actores nacionales vinculados a esta industria.

A caballo de este primer post y el siguiente se sitúa el Musée de l’Erotisme en París; parte dedicada al mero erotismo, parte orientado a la presencia del sexo en la cultura, la historia, el arte e incluso el diseño. Si la ciudad del amor no tuviera un museo dedicado a ello, le faltaría algo, ¿o no?

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