Siempre hay una primera vez

Se encontraba sobre él, jadeante, con el aliento entrecortado y el sudor recorriéndole la espalda. Aún sentía sus pupilas dilatadas, el halo de la excitación extrema agolpaba sus sienes, y la piel del otro; caliente. Recorrió todo su torso con el dedo índice, con una sonrisa nerviosa e ilusionada. Se lamió el dedo sensualmente, recordándose una y otra vez el éxtasis recién vivido, mientras comprobaba el sabor de la sangre. Por fin había dado rienda suelta a sus instintos; el placer de matar era insuperable, dando comienzo a una nueva existencia. La primera muerte siempre es la más especial para un asesino en serie.

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