El último día del verano

Batir de alas; una mariposa cruzando el jardín. Su respiración se contrae, al ver que se acerca, para disfrutar de ella por última vez. Se tiene que ir.

El sol de frente le impide ver que ya ha llegado el coche. Es el momento de partir, lejos, sin tranquilidad ni mariposas. Le espera la aridez del verano eterno de su hogar, vuelve triste; quiere volver de nuevo al País de las Maravillas, aunque le cueste la vida.

Fingirá alegría al ver a todos, porque otra vida mejor queda atrás, pero ha quedado grabada en su memoria.

El desierto ya no será lo mismo.

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