Paul Graham. Narrador de Imágenes

             *Este texto hace alusión a la exposición Europe: America de Paul Graham,  que la Fundación Botín de Santander acogió hasta el pasado 8 de enero.

Luces y sombras, éxitos y fracasos, y, sobre todo, desmitificación del mito, es lo que nos muestra Paul Graham (Stafford, 1956) a través de su objetivo, en su segunda visita consecutiva a Santander tras su taller en Villa Iris y en paralelo a Films, en La Fábrica. La Europa del final de muchos de sus hitos del siglo XX en el piso inferior, una América polarizada en el superior de la sala de exposiciones de la Fundación Marcelino Botín. A través de grupos de imágenes, muy directas, narra microhistorias fácilmente reconocibles, presentes en nuestra historia reciente y en la realidad social que nos rodea. Siempre alejándose de la imagen oficial.
Europa a finales de los años ochenta del siglo pasado sufre una auténtica erupción social; se destruye el Muro de Berlín, la Perestroika, la Transición Española culmina, así como el terrorismo en el Ulster.  Un continente que se desata, se libera del lastre de los años 30 y 40, reniega de lo que fue, y reivindica lo que es. Graham retrata, país a país, los contrastes de este nuevo continente que se estaba forjando, los nuevos placeres y las cicatrices, sin ambages, reconocibles por todos aquellos que hemos vivido o estudiado esos momentos: en España, hacia 1988 el incipiente consumismo se paga con monedas con el águila de dos cabezas o la efigie de Franco acuñadas, en Alemania entre bebida, picos, y quitamanchas se trata de borrar el recuerdo nazi, en Irlanda el terrorismo nacionalista convive con las libertades sociales. El espectador, veinte años después, puede juzgar por sí mismo si ha cambiado o no la realidad social europea.
En el caso estadounidense, de ciudad en  ciudad recorre barrios fuera del circuito turístico, la vida cotidiana de los suburbios; desde San Francisco hasta un Nueva Orleans pre-Katrina –las imágenes fueron tomadas justo en 2005-, desde Pittsburg hasta Nueva Inglaterra, pasando por Texas. Una idílica casa de una anciana bailarina retirada en los bosques de Dakota del Norte choca frontalmente con la paupérrima vida de la mayoría negra de Louisiana o los inmigrantes latinos en Texas, con la muerte y el producto “made in USA” siempre presentes. Los contrastes tampoco hay que buscarlos lejos, basta solo con observar una doble historia fotográfica tomada en California: arriba una rolliza niña juega con su equipo completo de complementos Barbie en una acera de su lujosa urbanización, comiendo una hamburguesa; abajo un hombre se refugia entrada la noche en la entrada de un autoservicio de hamburguesas intentando conseguir comida en su improvisado lugar de descanso, mientras los clientes hacen su vida sin fijarse en su existencia. Se mire como se mire, el llamado “país de las oportunidades” se ha quedado en eso, en un simple nombre.

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