Shōzan Gen’yo: Apuntes de ‘Mujeres artistas japonesas antes de IIGM’ (y VI)

Por fin, y con disculpas por el retraso de varios meses, aquí está la última de las artistas japonesas de las que hablé en Librería Gil el año pasado.

Shozan Gen'yo ret(r)azos maircase

Shozan Gen’yo. Autorretrato. Fte. Wikimedia Commons

Akenomiya Teruko (Mitsuko) (1634-1727) fue princesa imperial, la octava hija del emperador Go-Mizunoo. Como tal, fue instruida en artes y destacó en poesía, caligrafía –costumbre china que quedó muy arraigada en Japón hasta nuestros días- y pintura, posiblemente por su madre adoptiva, Tōfukumon’in, también de gran talento y maestros como Kanō Yasunobu o Takuhō Dōshuu, cercanos a uno de los grandes pintores de la época, Kanō Tan’yuu (tío-abuelo de Kiyohara Yukinobu).

Shozan Gen'yo. emperador Go-mizuno, ret(r)azos, maircase

Shozan Gen’yo. Retrato del emperador retirado Go-mizuno. Fte. FISTER, Patricia: Buddhist Paintings. Templo Manpukuji, Uji.

Además, no solo cultivó las artes, sino que tuvo una gran labor como mecenas ordenando la construcción de templos y encargos a los grandes artistas de la época. Al morir su padre y permanecer soltera, siguiendo la costumbre de la época se ordenó monja y, unos años más tarde fundó el templo Rinkyō-ji en los mismos terrenos del palacio de retiro de su padre, el palacio Shūgakuin, en las inmediaciones de Kyōto, donde fue abadesa hasta su fallecimiento. Es en este momento cuando adquiere el nombre monacal por el que fue conocida como artista: Shōzan Gen’yō. Este templo y otros como el Hōkyō-ji, que aún permanece en actividad en nuestros días, era para monjas y allí iban las princesas imperiales que, como Teruko, quedaban solteras. Estos templos tenían como particularidad que las mujeres que allí vivían cultivaban las artes con total libertad, de hecho, muchos de los elementos decorativos y plásticos que hoy se conservan en los conventos y templos están realizados por las propias monjas. Como nota curiosa, en estos templos de monjas budistas se pueden encontrar extraordinarias colecciones de muñecas Hina que llevaban con ellas y se aumentaban con regalos. En el caso del Hōkyō-ji, el número y calidad es tal que recibe el nombre de Ningyō-ji.

La gran mayoría de las obras de Teruko se conservan en templos budistas, tanto femeninos como masculinos, de los alrededores de Kyōto y son en su mayoría de temática religiosa. Se habla de más de mil pinturas y varios miles de esculturas votivas.  Destacan las representaciones de una deidad budista femenina; Merofu Kannon, cuyas figuras solían integradas en una especie de tríptico-altar. Asimismo, Teruko realizaba con shikimi pequeñas estatuas votivas tanto de Kannon, como de Buddha, con un gran detalle. Debido al paso del tiempo, algunas de estas piezas se han degradado, pero aún se ve la delicadeza de las formas. No solo realizó pinturas de temas budistas, sino que también fue una gran retratista, destacando los que hizo de su padre u otros monjes, pero, sin duda, llama la atención su propio autorretrato ya tonsurada, ya que no es muy común el autorretrato en el arte clásico japonés.

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Teruko no fue la única mujer de su familia que tuvo un papel fuera de lo común: su madre adoptiva, como se ha mencionado, fue también artista; su hermana Richu fue abadesa del templo budista Hōkyō-ji; su sobrina (hija del emperador Go-Sai) también abadesa de Hōkyō-ji y reputada artista, y su media hermana, nada menos que la emperatriz Meishō (1629-1643).

Además de en los diferentes templos y colecciones privadas del área de Kyōto y Shiga, los museos nacionales japoneses albergan en sus colecciones obra de Shōzan Gen’yō.

Ver también:

I – Uemura Shoen

II- Kiyohara Yukinobu

III – Okuhara Seiko

IV – Ike Gyokuran

V – Noguchi Shohin

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Noguchi Shōhin: Apuntes de ‘Mujeres artistas japonesas antes de IIGM’ (V)

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Retrato de Noguchi Shohin. Autor desconocido.

Noguchi Shōhin – 野口小蘋 (25 febrero 1847- 17 febrero 1917) será recordada como la primera mujer artista al servicio del Emperador. Nacida en Osaka bajo el nombre de Matsumura Chikako, pronto comenzó su interés hacia la pintura, comenzando sus estudios a los cuatro años, siendo más tarde discípula en Kyōto de Hine Taizan. Con ella se culmina la figura de la mujer en el arte en Kyōto, comenzado en el siglo XVIII con la Escuela Nanga. Como bunjin, o artista ilustrada, consigue su propio éxito sin necesidad de estar instruida por artistas de su familia directa ni de ser de clase alta. Su relevancia fue tal que uno de sus paisajes fue expuesto en la Exposición Universal de Chicago en 1893 como una de las principales piezas del pabellón de Japón. Gran amiga de Okuhara Seiko, de la que se hablará a continuación, realizó numerosas obras colaborativas con ella y compartieron muchos de sus mecenas, entre los que se encontraban destacadas figuras políticas de la Restauración Meiji. Junto a Seiko y el político Kido Takayoshi, quien además era uno de esos mecenas, realizaron numerosas piezas en conjunto en las que unían poesía y pintura denominadas gassaku.

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Fue una de las figuras más destacadas del arte de finales del s. XIX y principios del XX, llegando a ser profesora de la prestigiosa Gakkushuin para mujeres, vinculada directamente con la familia imperial. En sus últimos años, sobre todo desde 1900, y con más de medio siglo de carrera a sus espaldas, fue pintora imperial y jurado en numerosas exposiciones nacionales de arte de la época.

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Entre sus obras, destaca este biombo, que fue una de las obras principales de la exposición póstuma que su hija Iku, también artista, organizó en su honor en 1929. Hay que señalar que, mientras el anverso representa una escena ambientada en un episodio histórico -el festival de purificación de primavera del año 353-, el reverso es un paisaje. Sin embargo, mientras que en un lado está realizado en oro, su paralelo está pintado en plata, simbolizando también los colores de la primavera el otoño y cada uno pintado con un estilo formal e informal al otro lado.

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Noguchi Shohin: Bunjin. 1897. Wikimedia Commons/Museo de la Universidad Kansai.

Muchas de sus obras, de las que no he podido encontrar más ejemplos que el que ilustra el párrafo, reflejan una intencionalidad de mostrar la sensibilidad e independencia artística femenina de la época y los círculos de literatos -sobre todo concnetrado en Kyōto y después en Tōkyō- representando mujeres cultivando diversas artes, como la música, la pintura o la caligrafía, lo que se ha querido ver como una demostración de que se veía en igualdad de condiciones de destreza que sus homólogos masculinos. No obstante, este aspecto no es muy común en otras artistas de la época, ya que se ceñían a los temas que se practicaban en sus escuelas, lo cual hace que la creatividad de Shōhin se interprete como un paso más allá en el arte japonés.

Ver también:

I – Uemura Shoen

II – Kiyohara Yukinobu

III – Okuhara Seiko

IV – Ike Gyokuran

VI – Shozan Gen’yo

 

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Ike Gyokuran: Apuntes de ‘Mujeres artistas japonesas antes de IIGM’ (IV)

De Ike (de soltera Tokuyama Machi) Gyokuran -池玉瀾 – (1727-1784) podría decirse que tiene una historia semejante a otras que hemos visto en Occidente, sobre todo en el s. XX: la pareja de artistas que retroalimentan su creatividad con la actividad artística del otro (como, por ejemplo, Nikki de Saint Phalle y Jean Tinguely).

Portrait of Taiga&Gyokuran by Tomioka Tessai, early 20th century

Tomioka Tessai: Retrato de Taiga y Gyokuran. Principios del s. XX.

La formación original de Gyokyuran fue la poesía, tanto su madre como su abuela eran conocidas poetisas en Kyōto. Su padre, como sirviente del shogunato, vivía largas temporadas en Edo, por lo que la familia se ganaba la vida regentando una casa de té, muy popular entre los literatos de la ciudad. Fue uno de aquellos clientes habituales, Yanagisawa Kien, quien vio su potencial siendo aún niña y se convirtió en su primer profesor de pintura. De hecho, es más que probable que fuera quien diera a la joven Machi su nombre artístico: Gyokuran. También era el maestro de Ike Taiga y quien presentó a la pareja.

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Su marido Taiga fue uno de los más destacados artistas de Kyōto y uno de los fundadores de la Escuela Nanga, además de su maestro, su compañero de taller y ella, a su vez, le introdujo a él en el mundo del waka o poema de estilo japonés en el que destacaba especialmente. La pareja era conocida en la época por pasar las horas escribiendo, tocando música, dibujando y pintando en su desordenado taller, teniendo ambos un gran renombre y respeto por parte de la comunidad creativa. Eran visitados por otros artistas y se rodeaban de las figuras más destacadas de la literatura de la época. Las sinergias surgidas de la convivencia y la enseñanza mutua hacen que, en ocasiones, no se distingan las pinturas de una y otro, o se confudan sus estilos en la redacción de los waka. Una pareja extraordinariamente moderna para el Japón del s. XVIII que, sin embargo, la historia ha centrado su atención en Taiga y no tanto en Gyokuran, como también hemos visto en muchos otros casos de parejas de grandes artistas. Sin embargo, la obra pictórica de Gyokuran (obviando la poética) está al mismo nivel que la de su marido, cosa que queda patente a simple vista.

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Paisaje otoñal con cascada. Metropolitan Museum of Art

 

La obra de Gyokuran se centra, sobre todo, en paisaje -como es común en la Escuela Nanga-, que suele combinar con waka. También es muy característico de su obra la decoración de abanicos, en los que, solo empleando tinta negra, realiza esquemáticos paisajes reales con un trazo rápido. Como ejemplo, al dibujar barcas, en un primer momento es fácil identificar los elementos básicos e, incluso, al navegante. Sin embargo, al acercarse, se pueden ver que algunas incluso están hechas de un solo trazo con la destreza de los grandes calígrafos. Son piezas que destilan tranquilidad y refinamiento.

 

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Hay que señalar que la escuela Nanga o Bunjinga, especializada en paisaje y flores, se integraba por artistas profesionales que aspiraban a ser intelectuales influenciados por la cultura china de la época. Además de estas aspiraciones, se diferenciaba de otras escuelas del periodo Tokugawa por aceptar mujeres en sus círculos, ya que consideraban a la mujer semejante al hombre y tampoco tenían en cuenta el trasfondo social. Toda mujer con inquietudes y aptitudes creativas (caligrafía, pintura, poesía…) era bienvenida en los círculos Nanga. Gracias a estos círculos de intelectuales y literatos, nombres como el de Gyokuran aparecen en el listado de artistas más importantes de Kyōto llamado Heian jinbutsu shi o “¿Quién es quién en Kyōto?”, una publicación anual en forma de lo que hoy en día podríamos llamar ranking y que constituye uno de los documentos principales para conocer e identificar nombres de artistas de entre finales del s. XVII y las primeras tres décadas del XIX. Es más, tal fue el número de mujeres bunjin, que se dedicó un listado de 160 mujeres artistas en el Heian jinbutsu shi.

 

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Orquideas. Philadelphia Museum of Art

Ver también:

I – Uemura Shoen

II – Kiyohara Yukinobu

III – Okuhara Seiko

V – Noguchi Shohin

VI – Shozan Gen’yo

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Okuhara Seiko: Apuntes de ‘Mujeres artistas japonesas antes de IIGM’ (III)

Okuhara Seiko_retrato

Anónimo. Retrato de Okuhara Seiko. Archive.fo

Okuhara Seiko –奥原 晴湖 (14 septiembre 1837 – 28 julio 1913) es, sin duda, una de las artistas más peculiares de la historia del arte de Japón. Nacida de una familia samurái de alto rango, decidió formarse en artes de forma privada, ya que no se permitía que las mujeres fueran aprendices en los talleres tradicionales (la escuela Nanga de Kyoto supuso una excepción), aprendiendo las técnicas tanto de la tradición china como de la japonesa. Fuera de cualquiera convención social, se cortó el cabello, tomó las ropas masculinas, practicaba artes marciales y cambió su nombre Setsuko por Seiko, que no da indicación de género, cuando se fue a buscar fortuna a la capital, Edo (actual Tokyo). Su caligrafía y pintura, por su temática y características, también fue catalogada como masculina. Vivió sola gran parte de su vida y su casa-taller, fue lugar de reunión de los círculos artísticos y literarios de Edo. A pesar de tenerlo todo en su contra en la capital, logró hacerse un nombre cuando no tenía una vinculación familiar con el mundo cultural de la antigua Tokyo con grandes mecenas, llegando incluso tener el honor de ser la primera mujer artista en tener una audiencia con la Emperatriz.

Una de las mayores aportaciones de Okuhara fue la creación en 1870 de una escuela de arte femenina, para que pudieran aprender fuera del hogar y las que tuvieran aptitudes pudieran desarrollarlas. Entre sus alumnas, que llegaron a casi 300 y casi todas de clase alta, se encontraban numerosas geisha.

En 1891 decidió retirarse de la capital y se trasladó al campo, viviendo en una cabaña de la aldea de Kumagaya, en la prefectura de Saitama (centro de Japón) con su pupila y compañera Watanabe Seiran, quien la ayudaba tanto en las tareas de enseñanza como de creación. Sin embargo, continuó su actividad creativa hasta un año antes de morir, gracias al continuo apoyo de sus mecenas, entre los que se encontraba Kido Takayoshi, una de las mayores figuras de la Restauración Meiji, quien también patrocinaba a Noguchi Shouhin, también artista, y gran amiga. Se cuenta que un día colgó un cartel delante de su casa anunciando que no volvería a aceptar encargos. A los pocos meses, falleció.

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Ria Brodell. Okuhara Seiko & Watanabe Seiran. 2013. Davis Museum en el Wellesley College

Muchas de sus piezas tienen un aire siniestro y misterioso, sin embargo, los paisajes, realizados con su pincelada característica de trazos intermitentes como si de puntillismo se tratara, ofrecen un contraste entre minuciosidad de la línea fina de los detalles, la mancha de tinta y el trazo rápido de los elementos naturales, lo cual le otorga de gran fuerza. En su etapa en Kumagaya predominaría el detallismo en detrimento de la mancha y la pincelada rápida, como se puede ver en estas últimas obras, ya que datan entre 1900 y 1912, año en el que deja de pintar.

Ver también:

I – Uemura Shoen

II – Kiyohara Yukinobu

IV – Ike Gyokuran

V – Noguchi Shohin

VI – Shozan Gen’yo

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Kiyohara Yukinobu. Apuntes de ‘Mujeres artistas japonesas antes de IIGM’ (II)

Continuando con la serie de artistas japonesas de las que hablé en Librería Gil a principios de agosto, aquí está la segunda de ellas:

Kiyohara Yukinobu-MIA-Firma-maircase-retrazos

Kiyohara Yukinobu –清原 雪信 (1643- 5 junio 1682) constituye uno de los primeros nombres, si no el primero, de artistas femeninas del que se tiene conocimiento en Japón. Aunque no se conoce su vida de forma detallada, sí que se conservan numerosas obras. De familia de artistas, su madre era sobrina del fundador de la Escuela Kanō, Kanō Tannyuu, y su padre, Kusumi Morikage, también fue discípulo de su tío-abuelo. Ella misma fue alumna y posteriormente artista de la Escuela Kanō, siendo una de las pocas mujeres que pudieron entrar entre los cientos de discípulos y maestros que formaron parte. Esta escuela empleaba tinta china con reminiscencias de tradición japonesa (uso de dorado) y lo que más destaca son los biombos decorados, de gran tamaño (se realiza sobre todo entre final del periodo Muromachi –s. XV- hasta época Meiji –desde 1868-).

En una época en la que los talleres no permitían a las mujeres participar del arte y, las que sí tenían acceso, no estaban autorizadas a firmar sus obras, Kiyohara sí tenía ese privilegio y, además, gozó de popularidad y reputación durante su vida artística. Si nobles y samurái -muchos de sus clientes eran familias cercanas al shogun y al emperador- adquirieron obras suyas, debían de considerar su obra de enorme calidad para omitir el hecho de ser mujer.

 

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En este siglo XVII el Yamato-e era aún la técnica más empleada, realizada en rollos de papel que eran colgados de las paredes y con una policromía muy potente, en contraste con el uso predominante de la tinta china y mayor sobriedad de Kanō. La temática de Kiyohara era, además de temas tradicionales relacionados con la naturaleza –generalmente paisajes de su entorno-, la representación de personajes del pasado japonés, tanto el histórico como el mítico, de las que destaca el gran número de personajes históricos femeninos. Constituye un importante documento histórico ya que, en muchos casos, es la única representación de estos personajes. Destacan en esta línea la serie “Las treinta y seis mujeres inmortales de la poesía” en las que representa a los grandes poetas de épocas pasadas (Heian, Muromachi, etc) destacando las de Ono no Komachi, vestida con las ropas típicas de la Corte Heiana, que fue conocida en la época tanto por su talento como por su belleza o Murasaki Shikibu, autora de la Historia de Genji (Genji Monogatari).

Con su pincelada, muy delicada, pero al mismo tiempo firme, daba lugar a obras de enorme detalle y, junto al empleo del color, de gran elegancia. Este uso del color en entornos y paisajes, incluso hace posible identificar la estación del año.

 

Su obra no solo se encuentra en los principales museos japoneses, sino que también se puede encontrar -de forma más accesible, por cierto- en algunas de las más destacadas colecciones de Estados Unidos como el Metropolitan Museum, el MIA de Minneapolis, el Philadelphia Museum of Art o la Mary Griggs Burke Collection.

Ver también:

I – Uemura Shoen

III – Okuhara Seiko

IV – Ike Gyokuran

V – Noguchi Shohin

VI – Shozan Gen’yo

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