Okuhara Seiko: Apuntes de ‘Mujeres artistas japonesas antes de IIGM’ (III)

Okuhara Seiko_retrato

Anónimo. Retrato de Okuhara Seiko. Archive.fo

Okuhara Seiko –奥原 晴湖 (14 septiembre 1837 – 28 julio 1913) es, sin duda, una de las artistas más peculiares de la historia del arte de Japón. Nacida de una familia samurái de alto rango, decidió formarse en artes de forma privada, ya que no se permitía que las mujeres fueran aprendices en los talleres tradicionales (la escuela Nanga de Kyoto supuso una excepción), aprendiendo las técnicas tanto de la tradición china como de la japonesa. Fuera de cualquiera convención social, se cortó el cabello, tomó las ropas masculinas, practicaba artes marciales y cambió su nombre Setsuko por Seiko, que no da indicación de género, cuando se fue a buscar fortuna a la capital, Edo (actual Tokyo). Su caligrafía y pintura, por su temática y características, también fue catalogada como masculina. Vivió sola gran parte de su vida y su casa-taller, fue lugar de reunión de los círculos artísticos y literarios de Edo. A pesar de tenerlo todo en su contra en la capital, logró hacerse un nombre cuando no tenía una vinculación familiar con el mundo cultural de la antigua Tokyo con grandes mecenas, llegando incluso tener el honor de ser la primera mujer artista en tener una audiencia con la Emperatriz.

Una de las mayores aportaciones de Okuhara fue la creación en 1870 de una escuela de arte femenina, para que pudieran aprender fuera del hogar y las que tuvieran aptitudes pudieran desarrollarlas. Entre sus alumnas, que llegaron a casi 300 y casi todas de clase alta, se encontraban numerosas geisha.

En 1891 decidió retirarse de la capital y se trasladó al campo, viviendo en una cabaña de la aldea de Kumagaya, en la prefectura de Saitama (centro de Japón) con su pupila y compañera Watanabe Seiran, quien la ayudaba tanto en las tareas de enseñanza como de creación. Sin embargo, continuó su actividad creativa hasta un año antes de morir, gracias al continuo apoyo de sus mecenas, entre los que se encontraba Kido Takayoshi, una de las mayores figuras de la Restauración Meiji, quien también patrocinaba a Noguchi Shouhin, también artista, y gran amiga. Se cuenta que un día colgó un cartel delante de su casa anunciando que no volvería a aceptar encargos. A los pocos meses, falleció.

Okuhara seiko-Brodell

Ria Brodell. Okuhara Seiko & Watanabe Seiran. 2013. Davis Museum en el Wellesley College

Muchas de sus piezas tienen un aire siniestro y misterioso, sin embargo, los paisajes, realizados con su pincelada característica de trazos intermitentes como si de puntillismo se tratara, ofrecen un contraste entre minuciosidad de la línea fina de los detalles, la mancha de tinta y el trazo rápido de los elementos naturales, lo cual le otorga de gran fuerza. En su etapa en Kumagaya predominaría el detallismo en detrimento de la mancha y la pincelada rápida, como se puede ver en estas últimas obras, ya que datan entre 1900 y 1912, año en el que deja de pintar.

Ver también:

I – Uemura Shoen

II – Kiyohara Yukinobu

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Kiyohara Yukinobu. Apuntes de ‘Mujeres artistas japonesas antes de IIGM’ (II)

Continuando con la serie de artistas japonesas de las que hablé en Librería Gil a principios de agosto, aquí está la segunda de ellas:

Kiyohara Yukinobu-MIA-Firma-maircase-retrazos

Kiyohara Yukinobu –清原 雪信 (1643- 5 junio 1682) constituye uno de los primeros nombres, si no el primero, de artistas femeninas del que se tiene conocimiento en Japón. Aunque no se conoce su vida de forma detallada, sí que se conservan numerosas obras. De familia de artistas, su madre era sobrina del fundador de la Escuela Kanō, Kanō Tannyuu, y su padre, Kusumi Morikage, también fue discípulo de su tío-abuelo. Ella misma fue alumna y posteriormente artista de la Escuela Kanō, siendo una de las pocas mujeres que pudieron entrar entre los cientos de discípulos y maestros que formaron parte. Esta escuela empleaba tinta china con reminiscencias de tradición japonesa (uso de dorado) y lo que más destaca son los biombos decorados, de gran tamaño (se realiza sobre todo entre final del periodo Muromachi –s. XV- hasta época Meiji –desde 1868-).

En una época en la que los talleres no permitían a las mujeres participar del arte y, las que sí tenían acceso, no estaban autorizadas a firmar sus obras, Kiyohara sí tenía ese privilegio y, además, gozó de popularidad y reputación durante su vida artística. Si nobles y samurái -muchos de sus clientes eran familias cercanas al shogun y al emperador- adquirieron obras suyas, debían de considerar su obra de enorme calidad para omitir el hecho de ser mujer.

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En este siglo XVII el Yamato-e era aún la técnica más empleada, realizada en rollos de papel que eran colgados de las paredes y con una policromía muy potente, en contraste con el uso predominante de la tinta china y mayor sobriedad de Kanō. La temática de Kiyohara era, además de temas tradicionales relacionados con la naturaleza –generalmente paisajes de su entorno-, la representación de personajes del pasado japonés, tanto el histórico como el mítico, de las que destaca el gran número de personajes históricos femeninos. Constituye un importante documento histórico ya que, en muchos casos, es la única representación de estos personajes. Destacan en esta línea la serie “Las treinta y seis mujeres inmortales de la poesía” en las que representa a los grandes poetas de épocas pasadas (Heian, Muromachi, etc) destacando las de Ono no Komachi, vestida con las ropas típicas de la Corte Heiana, que fue conocida en la época tanto por su talento como por su belleza o Murasaki Shikibu, autora de la Historia de Genji (Genji Monogatari).

Con su pincelada, muy delicada, pero al mismo tiempo firme, daba lugar a obras de enorme detalle y, junto al empleo del color, de gran elegancia. Este uso del color en entornos y paisajes, incluso hace posible identificar la estación del año.

Su obra no solo se encuentra en los principales museos japoneses, sino que también se puede encontrar -de forma más accesible, por cierto- en algunas de las más destacadas colecciones de Estados Unidos como el Metropolitan Museum, el MIA de Minneapolis, el Philadelphia Museum of Art o la Mary Griggs Burke Collection.

Ver también:

I – Uemura Shoen

III – Okuhara Seiko

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Uemura Shōen. Apuntes de ‘Mujeres artistas japonesas antes de IIGM’ (I)

El pasado día 3 de agosto, expuse por primera vez en 3 años dentro de la ya tradicional Semana de Japón de la Librería Gil. En este caso, hablé sobre un tema apasionante que aquí en Occidente y, especialmente España, es casi un misterio: mujeres artistas japonesas. En los próximos posts, hablaré brevemente de las 5 mujeres que presenté en la conferencia añadiendo más imágenes de las que mostré.

Uemura Shoen

Retrato de Uemura Shōen. Fte. Wikiart

Uemura (Tsune) Shōen上村 松園– (23 abril 1875- 27 agosto 1949) es considerada la más importante artista del s. XX. Durante su dilatada carrera llegó a la posición que cualquier otro artista japonés querría alcanzar: ser artista imperial. En 1941, fue invitada como miembro a la Academia de Arte Imperial y tres años más tarde, fue nombrada pintora de Corte. Esta distinción, solo al alcance de unos pocos, supone que fue la segunda mujer tras Shōhin en lograr este privilegio. Además, Uemura recibió en 1948 la Orden de la Cultura, siendo la primera mujer en recibirla. Su obra, Jo no mai (1936), en 2000 fue la primera en ser protegida como Propiedad Cultural Importante –algo así como Patrimonio Nacional- realizada por una mujer.

 

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A pesar de que su vida profesional se sitúa en los albores del s.XX y, de la gran reputación de la que gozó, su modo de vida, desde el mero hecho de decidir dedicar su vida al arte, fue objeto de gran controversia. Desde que tuvo capacidad de pintar se vieron las grandes aptitudes para el dibujo de la figura humana y, justo después de acabar los estudios básicos, decidió ser artista. Sorprendentemente, su madre, quién al enviudar era cabeza de familia y regentaba una tienda de té, la apoyó desde el principio y la animó a formar parte del taller de Suzuki Shōnen. Estudió las escuelas clásicas, sobre todo Kanō y la calidad de su trabajo fue tal, que recibió como pseudónimo el primer kanji de su maestro, algo impensable para una mujer. Con quince años ya participaba en exposiciones de gran importancia y ganaba concursos a nivel nacional. Fue madre soltera y, con su consecuente escándalo, amante de su primer maestro hasta la muerte de este, de quien se dice que fue el padre de su hijo mayor, el también artista Uemura Shōko (que falleció en 2001). Tuvo otra hija, también soltera, y también de padre desconocido.

 

 

Mientras que por lo general, las mujeres artistas se habían centrado en temas relacionados con la naturaleza y el paisaje, en Uemura predomina la figura de la mujer japonesa vestida al modo tradicional y de gran belleza, o bijinga –美人画-. Sus mujeres son delicadas, cuyos rostros de pocos detalles contrastan con la minuciosidad en la representación de los tocados y los estampados de los kimono. Sintetizó además, este género con otro muy característico de la tradición japonesa, pero representado por hombres artistas: la representación de escenas de teatro noh. Con esta última fue con las que recibió mayor reconocimiento y es la temática en la que se encaja Jo no mai 序之舞-. Se trata de una danza de introducción a la obra y se caracteriza por ser silenciosa, tranquila y elegante. La protagonizan, por lo general, bellas mujeres -actores, no actrices-, tres espíritus y ancianos.

 

Shoen flames-1918

Uemura Shoen: Flame (1918). Tokyo National Museum

La gran figura del Nihonga o arte japonés tradicional del s. XX, es una de las pocas mujeres artistas que son reconocidas por los japoneses, cuya obra, delicada, minuciosa, y cuya vida, un paso por delante de lo que era normal en la época, es un referente del arte asiático que, sin embargo, no ha llegado a Occidente salvo, de forma residual, a Estados Unidos.

Ver también:

II – Kiyohara Yukinobu

III – Okuhara Seiko

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¿Qué ocurre cuando un barrio desaparece?

A veces escuchamos a nuestros abuelos contar cómo era el lugar en el que vives cuando ellos eran jóvenes y te das cuenta de que no tienen nada que ver con lo que tú concibes con tu ciudad o pueblo. Frases que usamos nosotros con cierta coña como el “antes, todo esto era ‘prau'”, son habituales en estas historias. Nosotros no solemos darle mucha importancia porque no lo hemos conocido y no somos conscientes de los cambios que implica la creación de un barrio para la gente de las inmediaciones o que frecuentaban esa zona. Tampoco nos paramos a pensar qué sintieron cuando derribaron un convento, crearon una plaza o construyeron edificios donde antes había una fábrica o un parque -por ejemplo-.

Chimenea. Convento de las Clarisas. Cabildo de Arriba

Chimenea que ha quedado al descubierto tras el derrumbe de las propiedades de la antigua Tabacalera. Foto: Mair CaSe

Pues bien, eso lo vivimos en nuestras ciudades, da igual dónde vivamos. Se realizan nuevas construcciones y de derriban edificios en mal estado con cierta asiduidad, pero, a veces, de lo que no somos conscientes es que, cuando esto se concentra en una misma zona, podemos presenciar el fin de un barrio histórico, de una forma de vivir.

Esto es lo que está ocurriendo en Santander con el Cabildo de Arriba. Seamos sinceros, no es la zona con mejor reputación de la ciudad, no tiene un gran tránsito de turistas y no son calles de paso, excepto que tengas que ir a algún lugar cercano, o en el barrio. Sin embargo, por las calles del Cabildo pasaron reyes y nobles, caballeros y diplomáticos, mercaderes y, cosa que de pocos barrios se puede decir, son protagonistas de uno de los libros clave del costumbrismo español: Sotileza, escrita por uno de sus vecinos, un tal José María de Pereda. Barrio de pescadores y artesanos, la salida de Santander hacia la meseta desde la Edad Media y, junto a las calles Arrabal y Enmedio, primera zona urbanizada extramuros. Casi nada.

Rampa de Sotileza

Placa conmemorativa de la Rampa de Sotileza. Foto: Mair CaSe

En el Cabildo se encuentran construcciones de viviendas humildes, pero que superan el siglo e incluso, el siglo y medio de vida -uno de los edificios de la calle Alta ha sido datado en el XVIII-, pero no solo eso, tres de las construcciones más antiguas de la ciudad, exceptuando el núcleo de la catedral y algún que otro edificio más que se pueden contar con los dedos de la mano, se encuentran allí: la iglesia de Consolación de mediados del s. XVIII, el Convento de las Clarisas del s. XVII -casi en ruina- y el Hospital de San Rafael -hoy, Parlamento de Cantabria- que fue finalizado en 1791.

Parte de mi infancia consistía ir a catequesis a Consolación y mi colegio estaba justo en el límite del Cabildo. En esos años 90 ya estaba languideciendo: aunque había comercios, era una de las zonas más deprimidas y conflictivas de la ciudad, y mis padres nunca me dejaban ir sola. Yo ni me fijaba por dónde pasaba y solo quería evitar tener que ir a la parroquia para la catequesis de los jueves. Sin embargo, había algo de magia y misterio en aquellas calles estrechas y oscuras con casas de galerías corridas de madera y balcones destartalados y, aunque no pasaba muy a menudo por allí, siempre me parecieron preciosos esos edificios de rasgos tan reconocibles -comparten apariencia con, por ejemplo, los edificios de otro barrio de pescadores y artesanos con historia como Tetuán-.

Iglesia de Consolación

Iglesia de Consolación. Foto. Mair CaSe

Hoy día, y con una visión desde el contexto histórico y el cuidado del Patrimonio Histórico, ya derruidos los terrenos de la Tabacalera, se ve el estado de ruina de las Clarisas (BIC con categoría de monumento, por cierto) en un contraste frontal con la buena salud del Parlamento de Cantabria. La mayoría de los edificios ahora son solares, sobre todo en la Calle San Pedro y el final de Ruamayor, los que quedan en pie aguantan a duras penas por la dejadez durante años y una creciente especulación inmobiliaria sobre unas calles de edificios debilitados y semiabandonados que están en pleno centro de una ciudad que carece de centro histórico como tal. Muchos de ellos están ya sumidos en un coma del que posiblemente no despertarán porque unas obras de rehabilitación costarían mucho más que un edificio completamente nuevo y las partes implicadas miran para otro lado o se resignan.

Estamos presenciando la desaparición del único núcleo histórico que queda que recuerde el pasado medieval y de la Edad Moderna, de una época pasada. Sabemos que las ciudades, los barrios, tienen una vida, una época de crecimiento y esplendor y otra de declive. El Cabildo no solo es declive, es desaparición. Con él se irán recuerdos personales, históricos y literarios cuyos testigos mudos son esos edificios humildes, pero dignos de que permanezcan en el tiempo. La Historia y el Patrimonio Histórico no pertenecen solo al recuerdo de las clases altas, sino también de quienes, anónimos y humildes, también la forjaron.

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#8M: 9 mujeres artistas de 8 países no occidentales.

El 8 de marzo se celebra desde 1911, más de un siglo defendiendo los derechos de la mujer. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer y, en muchos países, por desgracia, todavía no ha comenzado.

En el mundo del Arte, el camino es aún más complicado, si bien el número de exposiciones protagonizadas por mujeres o el porcentaje de artistas femeninas presentes en colecciones y ferias de arte es muy inferior en comparación con sus homólogos masculinos. Si unimos Arte y países en los que la mujer continúa siendo reprimida y/o prácticamente carece de derechos, podemos observar que, por mucho que rebusquemos, es imposible encontrar ejemplos de mujeres artistas.

Afganistán, Yemen, Indonesia, Sudán, Malasia, y un largo etcétera poseen una legislación tal que la mujer permanece en una situación de total sumisión y dependencia. En cuestión de violencia de género se pueden añadir legislaciones permisivas en los anteriores países e incluso en Latinoamérica y Europa. Sin embargo, algunas voces han conseguido hacerse oír en sociedades en las que ser mujer es casi un ejercicio de supervivencia.

Irán es uno de los países más contradictorios de religión musulmana: las mujeres conducen, los partidos de fútbol femenino tienen gran éxito -tapadas completamente, eso sí-, pero luego no pueden asistir a deportes masculinos, ni vestir a su antojo, cobran cinco veces menos que los hombres, etc. Las -escasas- leyes que promueve el gobierno en favor de la mujer son contrarrestadas por el aplastante poder religioso. Sin embargo, hay quienes se rebelan

Shirin Neshat es la más importante fotógrafa del mundo árabe y el más claro ejemplo de artista musulmana en el exilio. Debido a que en sus fotografías y vídeos muestra la problemática de su Irán natal, se ha visto obligada a producir su obra entre Nueva York y Bruselas en una suerte de autoexilio. Neshat no solo muestra a la mujer iraní, sino también a la mujer musulmana. Su obra fotográfica fue premiada en la Bienal de Venecia en 1999 y su película Women Without Men, sobre cuatro mujeres que escapan del régimen opresivo iraní, ganó en 2010 el León de Plata de la Bienal de Venecia, esta vez la cinematográfica. En su obra siempre hay una tensión, una sensación de violencia que, aunque no sea siempre visible, emana de la imagen.

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Parastou Forouhar se centra en la crítica al Fundamentalismo Islámico iraní, el gobierno y la identidad también desde el exilio, en este caso, Alemania. Las víctimas de la guerra, la migración y las personas que dejan también forman parte importante de sus obras al haber perdido ella misma a su familia en uno de los conflictos bélicos de su país. Disfrazados de colores pasteles y apariencia amable, los dibujos e instalaciones de Forouhar esconden la cruda realidad de muchos iraníes. Uno de los símbolos que más emplea es la mariposa, pues en la mitología griega simbolizaba el alma humana; en la persa está ligada al sacrificio.

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Aunque Líbano ha avanzado considerablemente en los derechos de la mujer, aún persisten numerosas contradicciones y el miedo a mostrarse como realmente son. El silencio y el afán por ser lo más correctas posible en actos y palabras continúan muy presente y eso, se nota también en las Artes.

Salwa Zeidan, además de artista, es galerista en Abu Dhabi, pero es de origen libanés. Su obra gira en torno a la libertad de expresión y el concepto de paz a través de obras abstractas y conceptuales de sencilla factura.

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China posee una férrea moral religiosa, social y de género. Es llamativo que haya una palabra para una mujer que no se haya casado más allá de los treinta y que, las mujeres emancipadas de las ciudades tengan que fingir tener pareja cuando van a sus hogares familiares.

Cui Xiuwen, aunque comenzó como pintora, hoy en día su creación es digital, principalmente fotografía y vídeo. Desde su polémico vídeo Lady’s Room en el que mostraba el mundo de la prostitución clandestina (en China está prohibido), ha permanecido en la cumbre del arte de su país, sobre todo por su actitud comprometida en llamar la atención sobre la situación de la mujer. Violencia, sometimiento, la ausencia del fomento del pensamiento individual  o la obligación de hacer tributos a la dictadura comunista gobernante (plasmado en la mujer, pero sucede a toda la sociedad) son las constantes en sus obras.

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India tiene uno de los mayores índices de agresiones a mujeres, algunas de ellas han saltado a los medios occidentales de forma puntual. Esto ha ocasionado una cierta defensa de los derechos de la mujer por parte de las clases medias de las grandes ciudades en los últimos años.

Como hacen otros fotógrafos como Yasumasa Morimura o, más cercano en concepto, Cindy Sherman, Pushpamala N. se retrata a sí misma, bien en imagen estática, como resultado de performances, para reflejar la historia y la sociedad india, sobre todo desde un punto de vista etnográfico, a través de sus mujeres. Muchas de sus series revisan la presencia colonial británica: los avances que trajeron, pero también los estudios casi compulsivos de la fisonomía de las diferentes etnias.

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En Japón no es que no haya mujeres artistas, que las hay, y muy buenas -solo hay que ver la fama mundial de Yayoi Kusama-, sin embargo, el arte feminista de carácter directo no es muy común y puede, incluso, llegar a estar mal visto. Un ejemplo es que la doble moral japonesa permite que sea uno de los países con mayor consumo de porno -que puede llegar a rozar la pederastia y la violación- y que, sin embargo, una mujer muestre sus genitales es algo menos que un acto delictivo.

Retratos femeninos con cuerdas fuertemente atadas, figuras femeninas de manga, son algunas de las series de Ryoko Suzuki, quien critica sin ambajes la doble moral japonesa y el papel sumiso de la mujer. Mientras en Bind (2011) hace visibles las ataduras de la mujer japonesa, en Anikora (Seifuku, 2007 y Kawaii, 2009) reflexiona sobre la obsesión del hombre japonés por representar en manga y anime a mujeres adolescentes con ropas y cuerpos exagerados, que, por otro lado, es uno de los estereotipos más utilizados en el hentai o porno japonés.

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África une varias circunstancias para que el arte, en general, sea un camino a seguir complicado: la mayor parte de los países carecen de recursos básicos, son inestables políticamente, los problemas económicos y sociales están a la orden del día y, en varios países el fundamentalismo islámico controla el día a día de sus habitantes, sobre todo las mujeres.

Aunque Costa de Marfil no es un lugar que se destaque por la inestabilidad política, sí es cierto que la mujer, cuya situación se ha ido normalizando poco a poco, sigue permaneciendo en un segundo plano. La fotógrafa Joanna Choumali defiende la diversidad del concepto de belleza en la mujer africana y reivindica el cuerpo femenino, además de retratar a los marginados (como deficientes físicos y psíquicos o la estimagtización actual de los escarificados, quienes antaño hacían ostentación de sus marcas de clan, jerarquía o posición social). Series como Awoulaba/taille fine 2013-2015 explora cómo la moda adapta las formas de los maniquíes a la mujer africana en un complejo estudio sobre la feminidad y el culto al cuerpo en la África actual mediante la investigación de cómo en Costa de Marfil se han comenzado a diseñar maniquíes que respondan a la variedad de estereotipos y las diferentes interpretaciones de la idealización del cuerpo femenino en el continente. En cambio, en Emotions à nu (2013) muestra retratos de mujeres anónimas, sin rostro, desnudas y sin maquillaje ni retoques estéticos. Hay que destacar que este trabajo, realizado en otro país africano, habría sido penado incluso con la muerte.

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Nacida en Nigeria, la performer y artista visual Otobong Nkanga relata en sus creaciones cómo es la vida de la mujer de su país y las particularidades de su identidad cultural.  La instalación Fragilologist’s Predication (2011)presenta un diorama con hilos conectores de los problemas de la sociedad nigeriana (agua, guerra, violencia, secuestro y violación de niñas y mujeres). En Social Consequences I – II – III (2009 – 2010) presenta los verdaderos significados de conceptos como hogar, pertenencia, posesión y su repercusión en la sociedad, mediante el uso de ilustraciones narrativas de causa-efecto. Con el tiempo, se ha ido centrando en la historia nigeriana y la situación en general de los seres humanos.

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Wangechi Mutu, aunque vive y trabaja en Nueva York, no olvida sus raíces ni los problemas que existen en su Kenia natal por ser mujer. Es por ello que sus obras, con el collage en técnica mixta como técnica principal y las instalaciones, giran en torno a los pesos y trabas que sufren las mujeres kenianas y africanas. Mutilación genital, la situación de total control de la mujer por parte de la sociedad, junto a otros temas como el poder residual tras las disoluciones coloniales, los diamantes de sangre o la tensa lucha cultural de la tradición y la influencia occidental. Todo ello expresado en dioramas y collages de, generalmente, formas femeninas a veces futuristas, otras similares a máscaras o historias mitológicas africanas, empleando también estudios anatómicos de órganos femeninos.

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